Verdaderos componentes del costo país

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Mucho se habla del costo país, desde el gobierno que sostiene que su reducción es un objetivo fundamental hasta los empresarios que han iniciado una fuerte presión sobre las autoridades a efectos de su baja.

Compartimos plenamente la necesidad de reducir ciertos costos que afectan a la producción como un mecanismo más de mejora de la competitividad.

Sin embargo también es bueno clarificar los alcances del concepto de costo país y qué es lo que el Estado puede y debe hacer en esta materia.

Porque analizando lo que plantea el gobierno se saca la conclusión de que el único problema del llamado costo país es el alto gasto público y que la única estrategia para mejorar la competitividad es la reducción del gasto.

Entonces vayamos por partes

Primero hay un componente del costo país que tiene que ver con los costos financieros en los cuales el sector público tiene una clara incidencia, ya sea porque posee casi la mitad del giro bancario, ya sea porque grava con impuestos contraproducentes como el Imaba el crédito bancario.

Recordemos que eliminar el Imaba supone reducir de inmediato dos puntos la tasa en dólares y 10 puntos la tasa de interés en moneda nacional. Por lo tanto no es sólo un problema de gasto público sino de estructura tributaria que para obtener esos recursos para financiar el gasto grava la producción, en este caso el crédito, encareciendo su costo para los productores.

Segundo y siguiendo el hilo del razonamiento anterior.

El gasto público es una presión al costo país por la forma en que se financia. En Alemania el gasto público es mucho mayor que en el Uruguay en términos absolutos y de porcentaje sobre el Producto Bruto Interno y sin embargo su presión sobre la producción (la llamada presión fiscal) es mucho menor… ¿por qué?

Simplemente porque una parte importante de ese gasto no se financia exclusivamente con impuestos sobre la producción o sobre el trabajo (como es más del 80 % del financiamiento en el Uruguay) sino que una parte sustancial se financia con impuestos directos y progresivos sobre las riquezas (Impuesto a la Renta de las Personas Físicas o al Patrimonio). Por lo tanto no toda la carga del gasto público recae sobre la dotación de factores productivos y por lo tanto no es equivalente el costo país o la pérdida de competitividad a la existencia del gasto público.

Dicho en otras palabras, se puede reducir el costo país en su componente de presión fiscal reduciendo el gasto o redistribuyendo la carga tributaria desde la producción y el trabajo hacia las mayores riquezas.

Tercero y a largo plazo, más allá de los costos que se establecen en la producción y que son importantes y, como hemos dicho, tienen soluciones alternativas a la reducción lisa y llana del gasto público, repito a largo plazo la competitividad depende de la capacidad de inversión de la economía tanto en el sector privado como en el sector público.

Y allí no es posible prever su crecimiento mientras en el sector público se sostenga la necesidad de reducir la inversión para bajar el costo país y en el sector privado no haya políticas activas, sectoriales y selectivas que den garantías y certezas a la inversión. Está claro que donde las ha habido como la forestación y el turismo (más allá del juicio de valor sobre las políticas específicas) la inversión ha crecido. Se trata entonces de desarrollar un Programa de Inversiones Selectivo que no existe en el país.

Por ende reafirmamos que:

* El costo país no puede reducirse a una mera política de reducción indiscriminada del gasto público. Por el contrario algunas reducciones pueden, a mediano plazo, aumentar el costo país.

* Simultáneamente a la reducción de algunos componentes del gasto (como ya hemos manifestado los vinculados en especial al sistema de compras del Estado y el clientelismo político en especial en su nueva versión de consultorías y contratos de obra) es imprescindible reformar la estructura tributaria para reducir la presión fiscal sobre la producción y el trabajo y orientarla como en todas partes del mundo hacia las grandes riquezas.

* Al mismo tiempo el Estado es clave para reducir el costo financiero, ya sea con medidas tributarias como ya he planteado más arriba y/o con políticas crediticias que jerarquicen el apoyo a la producción.

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