A 24 años del golpe en Argentina
ajo el denominado «Proceso de reorganización» se cierra el Congreso, se suspenden las garantías personales, el derecho de reunión y se proscriben los partidos políticos.
El general Ibérico Saint-Jean comunicó: «Primero vamos a detener a los guerrilleros. Después a sus familiares. Después a los simpatizantes. Por último a todos los que no crean en el régimen militar».
Como parte de este plan sistemático se persigue a toda persona que se negara a no ver, obedecer o aceptar. La guerrilla era combatida por el Estado desde años atrás, y según declaraciones militares ya había sido derrotada. La guerra era contra el pueblo.
Con estos hechos Argentina se sumó a las dictaduras ya existentes en América del Sur. Las presecuciones políticas en nuestro país obligaron a muchos de nuestros padres a refugiarse en suelo argentino, ignorando que el Cono Sur también se tornaría en un inmenso campo de concentración.
El gobierno militar uruguayo, en el año 1975, conjuntamente con Chile, Paraguay y Brasil conforman secretamente un plan de coordinación represiva que denominan «Operación Cóndor». El cóndor, un ave de rapiña de América del Sur es la mayor ave voladora del mundo, de plumaje negro, garras potentes y pico en pinza, se alimenta de cadáveres y vuela por encima de las fronteras. Este fue el símbolo que utilizaron para lo que sería la más cruel asociación del terror. La frontera ya no era un impedimiento, los militares uruguayos comenzaban a desplazarse con total impunidad y con la colaboración de sus colegas argentinos perseguirían a nuestros viejos y sus compañeros. Y con ellos a nosotros hasta encontrarnos y echarnos del país. Muchos nacimos en el exilio, otros de nuestros hermanos desaparecieron (algunos quizá fueron asesinados, mientras otros fueron regalados a los represores) y aún hoy los seguimos buscando. Muchos de nuestros padres fueron presos, otros asesinados o desaparecidos o exiliados por segunda vez. De un total de 157 casos denunciados de uruguayos detenidos desaparecidos, 132 desaparecieron en Argentina (de los cuales 13 eran niños o bebés); 17 uruguayos fueron asesinados.
La impunidad de estos represores generó en las sociedades el terror y la indefensión (que aún sufrimos). Borrando la identidad de una generación, con la desaparición forzada, el vacío… La ausencia repentina y la actual omisión y ocultamiento de la historia de nuestros pueblos.
Desde el compromiso de nuestra historia y con quienes dieron su vida y su libertad en defensa de un proyecto popular o simplemente la no aceptación de un régimen militar, llamamos a trabajar por la recuperación de la memoria, la obtención de la verdad y en cada barrio y en cada calle buscando, encontrando y denunciando a los torturadores que aún siguen en las FFAA y recibiendo ascensos, ocupando cargos civiles y descaradamente haciendo reuniones de camaradería recordando la lucha contra la subversión y reivindicando las atrocidades por ellos cometidas.
Porque aunque la impunidad los ampara, nuestra memoria no. Más temprano que tarde habrá justicia. Por la memoria de nuestros padres y nuestros compañeros. Por la aparición de nuestros hermanos apropiados. Por la verdad: ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Por qué? ¿Quiénes?
Contra la impunidad.
Hijos
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