El trhiller de Doyenart
El thriller protagonizado por el director de Canal 5 (tveo), Juan Carlos Doyenart, en la entrega de los premios Tabaré, acción que fue concretada en varios actos y sin que tanta iracundia tuviera una explicación medianamente racional, ha mostrado a este funcionario como un hombre inestable, con una faceta que es la más grave: una concepción despótica que no se detiene ante nada. Logró asombrar a miles de televidentes y a quienes se encontraban en la fiesta anual organizada por LA REPUBLICA, con una expresión de censura, aplicada no en el marco de una oscura oficina, sino frente a las luces y a las cámaras del canal de televisión que es de propiedad de todos. Todo fue en vivo y en directo.
La gestión del actual director del canal oficial, que parecía destinada a desburocratizar al mismo, quebrando las raíces de algunos de los vicios que crecían enquistados en un funcionamiento deficiente, despertó en su momento simpatías. Doyenart en ese momento se batía solo contra el mundo, enfrentando al Consejo Directivo del SODRE, a los canales privados, etcétera, pero contando con el apoyo personal del presidente Batlle, lo que nunca se ocultó.
Hubo dinero para el proyecto de Doyenart, apoyos políticos y, además, la visión de que estaba jugándose a favor de la información, tratando de convertir al vetusto canal oficial en un instrumento cultural e informativo de fuste que pudiera competir con éxito en el marco de la televisión abierta.
Algunos éxitos tuvo su gestión, como el mejoramiento de los programas informativos, que han logrado igualar y superar a los existentes en los demás canales. Además logró emprolijar la imagen, modernizar una visión que se mostraba anquilosada. Pero no mucho más.
La única razón que adujo el iracundo catón para interrumpir bruscamente la emisión fue que Fasano había aprovechado la transmisión de los Tabaré por el canal estatal para hacer política partidaria.
¿Estaba acaso haciendo una arenga a favor del Encuentro Progresista? ¿Se trataba de un llamamiento a firmar contra la privatización de Antel o la desregulación de Ancap? ¿Hubo elogios a la gestión de Arana? ¿Instó a votar a Tabaré Vázquez en las próximas elecciones? ¿Dijo que quienes no están de acuerdo con él eran sus enemigos, como hizo Bush Jr.? Tal vez en el inconsciente del censor anidaba el deseo de vengar a quienes quisieron y no pudieron hacer condenar a Fasano por acusar a Wasmosy. ¿Alguien sensatamente puede pensar que el hecho que Fasano haya calificado de «patanes enamorados de la industria armamentista» a los halcones que ostentan el poder en EEUU pone en peligro nuestras relaciones diplomáticas y comerciales con el imperio?
Doyenart estaba en su derecho en discrepar con la forma y el contenido de esas palabras, pero nunca cerrar las pantallas del canal oficial a una expresión con la que coinciden muchas mujeres y hombres que han tomado el rumbo inalienable de luchar por la paz. Esta insólita acción, censurando una expresión cultural que tiene un largo historial en el Uruguay (se cumplía la 12 edición de los Tabaré), es aún más grave por concretarse no como consecuencia de una acción privada, en una empresa que funcione en ese ámbito. Se cerraron las pantallas del canal que es de todos, para una expresión cultural de importancia.
Esta irreflexiva acción del director del Canal oficial es realmente preocupante. ¿Cómo es posible que quien tiene en sus manos el más importante medio de comunicación estatal actúe con tanta irracionalidad y tan pocos reflejos democráticos?
El pueblo uruguayo debe ser resarcido con medidas adoptadas en forma inmediata por el gobierno. El presidente de la República, uno de los explícitos puntales que han impedido el anterior desplome de este iracundo personaje, ahora debe tomar medidas. Aquí ya no se trata de un enfrentamiento con la burocracia estatal, ni del reclamo para quebrar el brazo al Consejo Directivo del Sodre.
Aquí se trata de una insólita acción, tan despótica como inopinada, que sirvió para que los uruguayos comprendamos que la censura también existe en el Uruguay.
Que muchas veces aparece de la mano de personajes tan irracionales como soberbios. *
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