“Dado que la resistencia de los pueblos a los malos tratos no es infinita, es una ley zoológica que los pobres y excluidos tendrán que reaccionar”. – Luis de Sebastián.
En los últimos treinta años, cuando el ciclo económico está en alza y crece el producto bruto, la desigualdad social se acentúa. Cuando la expansión cede el paso a la recesión, la desigualdad social se acentúa: es lo que surge de diversos estudios comparativos, entre otros en el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo).
Repasemos algunos datos y reflexiones recientes.
El informe 2001 del PNUD analiza en qué proporción el 20% de la población (el quintil)de mayores ingresos recibe más que el quintil más pobre.
Se parte de la referencia que en Europa occidental la diferencia entre el quintil de mayores ingresos y el de menores es de siete veces. En nuestro continente, paÃses como Nicaragua u Honduras están por encima de treinta veces. Brasil veinticuatro veces. Chile y Uruguay alrededor de veinte veces.
Un estudio reciente realizado en la Séptima Conferencia Industrial de la Unión Industrial Argentina da cuenta que en ese paÃs se fabrican cada dÃa 2.000 nuevos pobres. El número de pobres ha trepado a los 14 millones y no siempre la pobreza está asociada al crecimiento de la desocupación: la pobreza crece por encima del crecimiento del desempleo, la razón hay que buscarla en la caÃda de los niveles de ingresos en la población trabajadora.
Los niveles de desocupación y desigualdad han subido espectacularmente también en los Estados Unidos, donde no obstante se concentra la más portentosa acumulación de fortunas millonarias.
De los 425 multimillonarios (con más de mil millones cada uno) que hay en el mundo, casi 300 viven en los Estados Unidos, dice The Economist.
No obstante, ha crecido el número de indigentes y sólo en Nueva York 510.000 niños dependen de la caridad para evitar el hambre.
A partir de estas realidades, el economista y catedrático español Luis de Sebastián realiza algunas reflexiones casi provocativas.
Sostiene, por ejemplo: “habiendo derrotado a las revoluciones marxistas y no perfilándose ninguna en el horizonte, los ricos de América Latina se han entregado a vivir con todo el lujo que les permite la reducción de aranceles, la liberalización de los movimientos de capital y el acceso a las nuevas tecnologÃas, del primer mundo.
AsÃ, con servicios técnicos del primer mundo y con el servicio doméstico del tercero, los ricos se benefician realmente de lo mejor de los dos mundos ¿Por qué habrÃan de cambiar?
De Sebastián compara la situación actual de A. Latina, con la de Europa de post guerra. AllÃ, sostiene, habÃa condiciones para que todas las clases entraran en un pacto social porque ninguna estaba bien (…) era en interés de todos reconstruir la nación, el Estado, y la economÃa nacional.
Concluyendo: “Un pacto semejante en América Latina –que serÃa la única solución viable– por desgracia no es posible, porque hay una parte de la sociedad, minoritaria, pero poderosa, que ni está mal ni tiene necesidad o urgencia de que cambien las cosas”.
La misma problemática referida a Brasil la examinaba Cristovam Buarque, el ex Gobernador de Brasilia.
“Si percibiesen la riqueza potencial que hay en los brazos y los cerebros de los pobres, los ricos brasileños pondrÃan el modelo de desarrollo en dirección a los intereses de las masas populares. (…)Esta serÃa una decisión que enriquecerÃa al Brasil entero, los pobres que saldrÃan de la pobreza y los ricos que saldrÃan de la vergüenza, la inseguridad y la insensatez.”
Pero eso, concluye Buarque, es esperar demasiado. “Los ricos son tan pobres que no perciben la triste pobreza en que usufructúan sus malditas riquezas.” *
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