PARA UNA "ECOGRAFIA" DE NUESTRO SISTEMA POLITICO

Los partidos y el destino de Ancap

El debate en torno a las transformaciones legales que se proyectan a propósito del destino de Ancap ha mostrado, en diáfana postal, una serie de rasgos de nuestro sistema político sobre los que conviene meditar.

Es razonable que, tanto de filas de la coalición de gobierno como de la fuerza política opositora, el asunto haya cobrado importancia primordial y sobre él se hayan sucedido los pronunciamientos públicos, algunos de los cuales de amplio rebase y sonoridad.

En el Plenario del Senado, el senador Luis Alberto Heber, al que no intimidan las metáforas más hiperbólicas, advirtió acerca de un proceso de «sovietización del Frente Amplio».

Para el senador nacionalista, la soviética condición emana del hecho que los senadores del Frente, según él, habrían actuado bajo la presión del sindicato que agrupa a los trabajadores de Ancap.

Si esto es así –sostuvo– será mejor, por parte de los blancos y colorados, hablar directamente con la organización sindical y después hacerlo con los legisladores.

A partir de esto puso en duda la capacidad del Frente Amplio para gobernar «si están sujetos a la dirección de la asamblea o la dirigencia sindical. Esto –concluyó– no va en crítica a los sindicalistas pero (sí) al partido político que tiene la obligación de mirar al país (…) ese partido es rehén de una asamblea (…)».

La idea del senador del gobierno de hablar con el sindicato no es del todo desechable, aunque siempre lo expondría a ser acusado de «soviético» aunque no sea precisamente ese el perfil ideológico del senador herrerista, como tampoco lo es de los senadores encuentristas.

Las desinteligencias entre algunos senadores y las resoluciones de la Mesa Política, no parecen originarse en un «seguidismo» de la fuerza política tras las decisiones de la organización sindical.

Las razones a que se apeló en el debate interno del FA remiten a las resoluciones de su reciente congreso en el que se reafirmó la línea política de rechazo a los procesos de privatización de empresas de importancia estratégica, como Antel o como Ancap.

Resulta bastante coherente que mientras se realizan esfuerzos reiterados para alcanzar las firmas necesarias para plebiscitar los artículos de la Ley de Presupuesto que habilitan la privatización de áreas cardinales en materia de telefonía, se mantenga una actitud de oposición en cuanto a los pasos que en esa dirección el gobierno, también coherente en su línea de inspiración neoliberal, impulsa para el ente petrolero.

Otros movimientos escénicos, algo más sutiles, se pergeñaron desde filas gubernistas. En una actitud no exenta de picardía, algunos senadores oficialistas de pocos votos encontraron ingenioso trabajar con patrimonio ajeno: la gracia, como imagen pública, consistía en poner en aprietos a los que sí tienen cada vez más votos, es decir, los sectores progresistas.

En lugar de sustentar públicamente sus posiciones políticas oficialistas y asumir ante la ciudadanía la defensa de las «grandes virtudes» de la política económica impulsada por Bensión, Davrieux y Batlle, se prefiere hacer mohines acerca de la incorporación del Frente Amplio a una quimérica «unión nacional».

«Política de estado» que le dicen, que no tiene el menor asidero para un gobierno que ha usado y abusado de sus mayorías parlamentarias para aprobar sobre tablas privatizaciones cardinales como la de Antel en medio del tratamiento del Presupuesto.

Trapichear, como único argumento, con las diferencias internas que han surgido dentro del Frente Amplio, habla más de la pobreza política y programática de los partidos tradicionales que de las dificultades, sin duda importantes, que afectan a la izquierda.

Contra el sovietismo y el «ogro benefactor», contra lo que creen que son los errores, las nostalgias y los delirios de la izquierda, los dirigentes blancos y colorados tienen una gran oportunidad de debatir con la ciudadanía y de mejorar así su alicaída «performance» electoral: pueden salir a debatir en defensa de la privatización de Ancap, y sobre todo de Antel, debate ya preparado por la democrática recolección de unos buenos cientos de miles de firmas. *

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