Existen las guerras justas
SARANDY CABRERA
Ante el ataque a las torres de Nueva York, volvió a quedar claro que la guerra siempre tiene un precio y no deja de ser una catástrofe.
Pero no olvidemos que las guerras se dividen en justas e injustas, no son guerras pura y simplemente, como tampoco hay paz de un contenido único: la hay justa e injusta.
Hoy, toda guerra de réplica contra los Estados Unidos es una guerra justa como lo fueron en su momento las guerras de Bolívar, San Martín o el propio Artigas contra el imperio español de turno, pero que en estos momentos nadie se atreve a mentar eludiendo cautelosamente toda alusión a las claras posiciones de Artigas que decía: «Un hombre solo que me quede, con él he de hacer la guerra», es decir una guerra justa. Sin olvidar que él acabó muriendo en una paz injusta.
No se pueden condenar todas las guerras con una única media. Volvamos a decirlo, hay guerras con una única medida. Volvamos a decirlo, hay guerras justas e injustas. Todas las guerras que emprenden los ofendidos y oprimidos son guerras justas, son una réplica a la infamia del opresor, del agresor, el primer actor en las guerras injustas.
No se puede estar simplemente por la paz y contra la guerra, creando una falsa dicotomía fácil, injusta e inmoral. Sólo se puede estar contra las guerras de dominio y opresión y deberían apoyarse moralmente todas las guerras de réplica a las agresiones imperiales, así como todas las guerras de contenido liberador, de hoy y del pasado.
Además de los ejemplos latinoamericanos citados, recordemos la guerra justa de los republicanos españoles contra los fascistas.
Recordemos la guerra de igual carácter de los patriotas argelinos contra el poder colonial francés. O bien la guerra del maquis francés contra los invasores nazis de la II Guerra Mundial.
También recordemos la guerra del pueblo cubano contra la dictadura batistiana apoyada por el Imperio USA. Y tantos otros ejemplos que podríamos citar aquí.
Pero sin retroceder hacia el pasado, tomemos el dramático ejemplo actual de una guerra injusta, la invasión de judíos a Palestina. Que comporta además una paz injusta y falaz, la paz que proponen de consuno en Palestina los EEUU e Israel, que es ejemplo típico de una paz injusta. Invocando hipócritamente la paz, los ocupantes se proponen quedarse estratégicamente con todo el territorio que les han ido robando a los palestinos con una guerra injusta y, lo que es más, se proponen obligar a sus víctimas a una trágica diáspora que ya se inició lamentablemente.
Esas formas injustas de la guerra y la paz, además de ser prohijadas por el imperio, tienen sus apologistas locales que, a la hora de la verdad, se muestran como leones leves pero leones al fin.
Por tales motivos no podemos sino considerar lamentablemente errónea la campaña que se propicia a partir de la imagen de un cierre metálico abierto. Sería mejor correr ese cierre para no difundir confusión y error como desde allí se hace, según las razones que quedan dichas.
En la dura circunstancia guerrera –y no terrorista– vivida el 11 de setiembre último, también el pueblo estadounidense avanzó un paso hacia el conocimiento de lo que es una guerra justa y real que no conocía. El ciudadano estadounidense medio siempre había visto las guerras por la televisión o del modo que se la contaron sus bestiales capitanes. Para el pueblo estadounidense la guerra sólo había existido para o contra terceros, los subordinados, los pueblos de segunda categoría según sus sistemas de valores imperiales, racistas y clasistas.
Pero hoy han tenido la guerra justa en casa, porque si ahora la guerra los visitó los va a seguir visitando ya que el mundo entero tiene derecho a replicar al imperio, por ser ése su hondo deber moral, su destino reivindicativo.
Por todo ello puede y debe afirmarse que toda guerra de réplica contra los EEUU es una guerra contra los soberbios agresores, contra los conocidos imperialistas. Por lo tanto es una guerra justa que debe ser apoyada sin limitaciones.
Esa es la contradicción principal en juego, más allá de otras contradicciones –ahora secundarias– que podemos tener con las actuales víctimas, sea en lo social o en lo político, tal el caso de Afganistán.
Habida cuenta de estos condicionantes, pronunciarse solamente contra la guerra o por la paz en abstracto es un penoso error conceptual, que no hace sino fomentar una mayor confusión en tema tan delicado como candente. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad