Base de datos: una herramienta trascendente
En el marco del seminario «La Previsión Social Actual en Uruguay y América Latina» organizado por el Equipo de Representación de los Trabajadores, el Instituto Cuesta Duarte del PIT-CNT y la Fundación Interamericana para el Desarrollo y Formación de Fondos de Pensiones Laborales, que se realizó ayer a partir de las 15 horas en el Centro de Vendedores y Viajantes de Plaza (Fernández Crespo 1950), se ha dado a conocer la Base de Datos de Seguridad Social de Países de América Latina, elaborado por el ERT con el apoyo de OIT.
Un trabajo invalorable, un hito trascendente en los estudios de la seguridad social de la región, que a todas luces tendrá enormes repercusiones no sólo en nuestro país, sino en América Latina como consecuencia de los datos que contiene.
Informe dado a conocer en momentos en que en América Latina y en el mundo millones de seres nacen destinados a morir de hambre y otros, no tantos, a acabar sus días indigestos.
Se nos ha dicho durante años, tantos que hemos perdido la cuenta, que si la torta no crece no habrá derechos sociales.
Mientras esperamos que salga del horno, que al parecer se ha quedado sin combustible ya que no termina la cocción, en el mundo seguirán muriendo de hambre o de sus consecuencias inmediatas, millones de seres humanos. Treinta y seis millones fueron en el año 2000.
Hace ya treinta años Josué de Castro decía: «Quien tiene dinero come. Quien no tiene, muere o se vuelve inválido».
Bienvenida entonces esta magnífica base de datos. En sucesivas notas iremos desarrollando y profundizando en los aspectos más relevantes. A título de adelanto veamos algunos.
América Latina creció económicamente en la década de los 90. Sin embargo el promedio anual de crecimiento fue insuficiente para dar trabajo a quienes quieren y pueden hacerlo.
Desde 1992 al 2000 creció el desempleo urbano del 6,5% al 8,6%. ¿Nos damos cuenta lo que ese crecimiento porcentual significa en una población de millones de personas en la región que quieren y pueden trabajar?
El salario medio de la década de los 90 está un 25,6% por debajo del nivel de los 80, mientras que el salario mínimo representa el 50% del valor que tenía en 1980. (1) Y que no nos vengan con el cuento de que la torta no creció.
Creció el informalismo, con su secuela de desprotección social y miseria, llegando a ser casi un 48% del total de ocupados de la economía. (2)
Recordemos al pasar, que durante los años transcurridos entre 1990-1996, de los 8 millones de puestos de trabajo que se crearon en el Mercosur, siete millones novecientos lo fueron en el sector informal, esto es: el 97%
La persistencia de altísimos niveles de pobreza es un rasgo estructural de la región, lo que plantea tremendos desafíos a las políticas sociales y programas de seguridad social. Son más de 200 millones los pobres en América Latina.
Pues bien, hasta aquí los adelantos. ¿De qué sirve entonces, es ético que la economía crezca, mientras la gente viva cada vez peor?
Alarmada la propia organización Internacional del Trabajo (OIT) ha lanzado la consigna de trabajo decente, lo que siendo totalmente compartible, nos lleva a preguntarnos, ¿alguien puede concebir que el trabajo sea indigno, indecente?
Sí, existen esos personajes, bárbaros explotadores a juzgar por los resultados. Mueren millones de personas de hambre, aumenta la pobreza, la miseria se infantiliza, la riqueza se concentra cada vez más.
Las apetencias sin límites del capital financiero, la mundialización financiera que ha precipitado al mundo al borde del abismo, ha traspasado largamente la barrera de lo moral, tornándose inmoral, tanto que nos obliga a preguntarnos cuáles serán los límites de las ambiciones de los bárbaros fundamentalistas.
El desarrollo del Banco de Datos de Seguridad Social de Países de América Latina es una formidable herramienta que posibilitará en el futuro inmediato encarar en profundidad y con mentalidad regional, y con indicadores propios de seguridad social, la dramática situación de América Latina. Bienvenido entonces. *
(1) CEPAL Anuario estadístico. Marzo/2001.
(2) OIT Panorama Laboral 1999.
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