Una estrella brilló en el Foro: Lula vino, habló y emocionó
La presencia de Lula generó un clima de entusiasmo y esperanza en este Foro que reúne a más de 400 delegados de todos los países de la América Latina y el Caribe. No pretendo realizar un análisis, apenas una crónica de un participante que comparte junto a varios compañeros del FA la delegación uruguaya a este evento.
Lula sentado al lado de Fidel, presidiendo junto a otros compañeros el evento, prácticamente improvisó un discurso muy emotivo. No hay distancias cuando el obrero metalúrgico habla. Uno siente que estamos coloquiando, que nos acerca al núcleo emotivo de lo que quiere trasmitir. Nos recordó a todos el año 90 cuando se creó esta instancia que hoy llamamos Foro de São Paulo. Años difíciles donde el auge del neoliberalismo hacía pensar a muchos compañeros que «no se podía». Algunos tenían «vergoña» de llamarse izquierdistas y nos catalogaban de ‘dinosaurios’ Han pasado diez años –dijo– y los «cuatro bambinos de oro» (Collor de Melo, Menem, Salinas de Gortari y Fujimori) hoy son forajidos de corrupción. ¿Qué nos quedó en nuestros países? Solo más pobreza. Sólo en Brasil 50 millones de personas no llegan a consumir las calorías necesarias para la sobrevivencia. Y se dejó en segundo plano dos palabras muy importantes: soberanía y autoestima. Ningún país tiene planes de desarrollo para acabar con la pobreza, ni planes de desarrollo para nada.
«El Foro no puede terminar sin dejar con claridad y firmeza nuestra visión sobre la paz». Dijo Lula: «No queremos terrorismo, no queremos planes de guerra, ni en Afganistán ni en ningún país del mundo, no queremos Plan Colombia. Y precisó que la paz que queremos es la que se derive de un Nuevo Orden Mundial donde la riqueza producida por todos sea gozada por todos. «Que todos puedan tomar café, comer, estudiar». Esas cosas simples. Seguidamente dijo que ahora nos presentan al ALCA como la salvación del continente. Como hace diez años nos presentaron las privatizaciones como la panacea. Integración significa respeto.
Comparó el proceso de la Unión Europea. Allí se creó un Parlamento, un Banco Central.
Queremos competir, pero para ello debe haber complementariedad. Y agregó: «Lo primero que hay que regalar al ALCA es un mapa del mundo y señalarle que en ese mapa hay un país que se llama Cuba; Cuba existe y para la integración real de los pueblos no puede haber exclusión.»
En una reflexión autocrítica dijo: «No podemos ver sólo nuestras virtudes. También nuestras dificultades». ¿Por qué si tenemos las mejores ideas, los mejores propósitos y programas no avanzamos lo suficiente? ¿Por qué nos ilusionamos en cada elección… es que el pueblo no nos comprende? Es necesario que la gente discuta nuestras deficiencias… a veces nosotros parece que habláramos sólo para nosotros mismos. Hay compañeros que piensan que podemos prometer socialismo para hacer en cuatro años….Cuba lleva muchos años en este proceso. A veces siento que no discutimos el tema del hambre y terminamos discutiendo lo que nos propone el neoliberalismo: que el ajuste fiscal, que la apertura del mercado, etc. De alguna manera decía que tenemos que ver qué cosas vamos nosotros a poner en la agenda. Las alianzas políticas son importantes, pero a veces, parece que hacemos alianzas con nosotros mismos. Nos regaló una metáfora: la de una orquesta. No se puede hacer una sólo con un violín, un violoncello y dos platillos. Debe haber armonía. Podemos ganar sin someternos a los caprichos de los grandes empresarios. «Salí de gira para ir a ver al presidente Toledo que ya empezó a recibir las presiones de los que siempre presionan y luego vine para acá». «Si tengo que negar a mis amigos ahora… ¿qué sucederá luego de ganar?».
Resonó como muy pertinente para la instancia de este Foro previo a tantas luchas político electorales que fueron y de las que se vienen en el futuro. Fue una reflexión profunda, importante, llena de sabiduría y ecuanimidad política. Resonó como una valoración autocrítica, necesaria, válida para todos los procesos electorales de la izquierda donde se ensayan alianzas, perfiles, gestos, y se ensayan discursos que muchas veces son hablados por otros olvidando lo que fuimos y lo que somos. Pero para eso, hay que tener lo que tiene Lula: un pasado, humildad, calidez y capacidad de pensar críticamente, luego de admitir que perdió tres veces. «A veces construimos cosas tan grandes que nos olvidamos de las pequeñas». Nos recordó a todos el libro de Hemingway «El viejo y el mar». Ese viejo que pescó un pez más grande que su bote, y que su voluntad y coraje lo hizo resistir. Si no podemos subir un pescado más grande que lo que podemos transportar pesquemos pequeños cardúmenes que solucionen el hambre. Lo de Lula fue una estrella que iluminó el cielo latinoamericano, porque de las dificultades se puede reflexionar, sacar nuevas pautas y seguir empecinadamente nuestro camino con la misma voluntad que ese viejo enfrentado al mar que cumplió su pequeña obra.*
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