EDGAR MORIN CONTRA LAS BARBARIES

Las atinadas reflexiones de un filósofo

l estallido de violencia incontenible del 11 de setiembre y la respuesta norteamericana de bombardeos masivos en Afganistán, las amenazas de extensión de las conflagraciones a otras regiones y el riesgo latente de nuevas incursiones criminales como los atentados a las Torres Gemelas parecen haber golpeado las puertas del mundo del pensamiento más elaborado y filosófico.

La intervención en el debate de Edgar Morin, no obstante, no debería sorprender: ha sido durante muchos años un ensayista y un pensador sensible a las tragedias y esperanzas del mundo contemporáneo al que procura, desde la sólida construcción de un pensamiento racional y bien fundamentado, entender y hacer entender como paso previo para actuar con sentido humano. Pensar con claridad, reflexionar con coherencia es, para el filósofo, el paso previo para actuar con sabiduría.

«Todo error de pensamiento», escribe, «lleva a errores de acción susceptibles de agravar los peligros que se pretende combatir».

Desde la consistente visión que Morin ha venido construyendo en muchos años de reflexión filosófica, es decir, desde la óptica del «pensamiento complejo», el maestro francés procura disipar los simplismos, prejuicios y arbitrariedades conceptuales que vienen inundando la información y la reflexión sobre la guerra, el terrorismo y el choque de civilizaciones.

Lo hace desde una profunda mirada filosófica, asumiendo el compromiso de reflexionar sobre los datos políticos más perentoriamente actuales con la mirada de analista sereno, ponderado y teóricamente riguroso.

Su contribución debería ser recogida y examinada. Para discutirla no sólo en los ámbitos restringidos de la labor académica sino en las páginas de los periódicos y en las reuniones políticas. Para concordar o discrepar con su enfoque pero no dar la callada por respuesta a su lúcida y, a la vez, patética convocatoria.

Morin sustenta un pensamiento que no es propenso a la conclusión fácil, que anestesia y provee de confort: no debemos pasar por alto, escribe, que hay una barbarie incluida en nuestra civilización, que ésta produce fuerzas de descomposición y de muerte y que a nuestro hiperdesarrollo científico y técnico corresponde un subdesarrollo mental y moral.

Morin nos advierte contra todo tipo de simplificación funcional a políticas agresivas e intolerantes. Jerarquiza los matices y la complejidad de las situaciones y los protagonistas: ni los Estados Unidos ni el Islam son entidades monolíticamente virtuosas o perversas: su realidad es compleja y junto con el imperialismo norteamericano aparecen los rasgos de la condición abierta de su sociedad, su receptividad para incorporar influencias de otras culturas.

El Islam es también una realidad compleja y no debe ser confundido con las tendencias terroristas y fanáticas como la que expresa Al-Qaeda.

Cree que los bombardeos continuos de Afganistán revelan otro terrorismo que afecta a poblaciones civiles, víctimas no sólo de bombas o misiles lanzados desde gran altura y mucha distancia, sino del miedo y el hambre (…)

Morin advierte contra el camino de la locura (que) es el de las cruzadas, de la demonización, del maniqueísmo ciego y de las masacres en masa de uno y otro lado.

Cree que «el siglo XX vio formarse una alianza entre dos barbaries, una de destrucción y masacres llegadas de lo profundo de las eras históricas, la otra interior a nuestra civilización, venida del reino anónimo y glacial de la técnica, de un pensamiento que ignora todo lo que no tiene que ver con el cálculo y el beneficio».

Sociedades como las nuestras, sistemas políticos como el que hemos venido construyendo en Uruguay debieran ser particularmente sensibles a esta propuesta reflexiva e inteligente donde la razón de los argumentos intenta sobreponer a la imposición de la fuerza económica, militar o política. *

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