Pinochetismo redivivo

El desalojo violento de la sede del Partido Comunista de Chile, la detención de su secretaria general Gladys Marín y de varios de sus compañeros revelan que las esporas del pinochetismo están latentes y prontas a recidivar en el país trasandino.

Vi por TV la brutalidad del procedimiento de los carabineros. Varios de los militantes que defendieron el local salieron con el rostro ensangrentado. Estas escenas me trajeron el recuerdo del aciago 11 de setiembre de 1973. Esa mañana temprano, después de presenciar la disparada de las tanquetas de Mendoza, el general felón, y el bombardeo de los Hawker Hunter al Palacio de La Moneda, me corrí hasta el local de la calle Testinos, entonces sede central del PCCH, a pocas cuadras de la casa de gobierno. Las tropas ya habían tomado por asalto el local y procedían a cargar sobre enormes camiones militares los libros, los documentos robados y grandes cuadros de Luis Emilio Recabarren, el fundador, de Fonseca y otros dirigentes.

Recordé también las imágenes que esa noche vi por televisión, en la casa donde a duras penas logré refugiarme, de los militantes comunistas arrojados a la prisión, por decenas y centenares, con los rostros magullados, golpeados, tirados por el suelo, pero con una dignidad y entereza en la mirada que me conmovió hasta los tuétanos y jamás olvidaré.

En la nueva etapa, perdido el amplio local de Teatinos, el PCCH se mudó a un barrio popular, en la esquina de las calles San Pablo y Cummings, teatro de los últimos acontecimientos. Influyó en los mismos la circunstancia de que el presidente Lagos acababa de designar al nuevo jefe de Carabineros saltando por encima de varios generales de la derecha. Pero el hecho de fondo es el odio acumulado de los pinochetistas que siguen enquistados en las fuerzas armadas por la campaña que ha venido desarrollando en forma consecuente el PCCH, junto al conjunto de las fuerzas democráticas chilenas, por juicio y castigo al veterano dictador, que por medios torcidos y haciéndose el demente, procura escapar a la condena.

Una circunstancia agravante es que estas tropelías se perpetran en pleno desarrollo de la campaña electoral, a dos semanas de las elecciones legislativas en un cuadro complejo de alianzas en el cual la gravitación de los votos por los candidatos comunistas adquirirá relevancia.

La derecha por su parte aspira a reconquistar el poder con el alcalde de Santiago, Joaquín Lavín, como su mascarón de proa. El atentado de los militares pinochetistas acarrea agua a ese molino. *

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