Luces y sombras en la naciente gestión presidencial
E
De ahí que, un juicio medianamente racional, debe empezar por constatar elementos que son dignos de apoyo y reiterar ante otros la existencia de distintas visiones acerca del país y su porvenir.
Constituyen elementos indudablemente positivos:
– Terminar con la crispación sectaria, heredada de los tiempos de la «guerra fría», practicada por su antecesor Julio María Sanguinetti, y abrir un diálogo sereno con las fuerzas de la oposición organizadas en el Frente Amplio-Encuentro Progresista. Del mismo modo, reconocer la subsistencia de las desapariciones forzadas como un problema pendiente y, en el campo social, sentarse en una mesa a discutir con las organizaciones de los trabajadores.
– Recobrar, como estilo presidencial, la sencillez en el ejercicio de la función pública. Declinar el papel del «faraón» cuyas manos abren todas las puertas, cortan todas las cintas y ocupan todas las pantallas. No se trata sólo de que el país es chico y está empobrecido. Hay una cuestión que hace a la esencia de la institucionalidad republicana y democrática: el presidente debe seguir viviendo como un ciudadano más. No debe concentrar aún más poder del ya muy extendido que le confiere la Constitución.
– También constituye un valor importante la búsqueda de la transparencia y el aumento de controles en las compras del Estado, en las licitaciones y en los contratos de arrendamiento de obra. Todos estos mecanismos estatales han dado lugar a la creación de ámbitos de privilegio, clientelismo y politiquería.
En este cuadro son completamente compartibles las expresiones de algunos dirigentes de la oposición progresista en el sentido de valorar la importancia del diálogo iniciado y abrir una zona de intercambios con el gobierno.
Corresponde, como expresión de su sensatez y su ponderación, a una organización política que tiene la responsabilidad de ser la primera fuerza electoral en el país.
Paralelamente, algunos anuncios y algunas iniciativas en el plano de las políticas económicas aparecen como notoriamente encaminadas en una dirección ortodoxamente neoliberal y sus consecuencias sobre el campo social pueden ser nefastas.
– Los anuncios realizados por el contador Bensión referidos a los salarios de los funcionarios públicos significan, lisa y llanamente, una rebaja salarial que abarca a la mayoría de ellos incluyendo sectores claves como los maestros, profesores, enfermeros. Es decir, personal estrechamente ligado al cumplimiento de las funciones sociales más delicadas del Estado.
– El impulso que en el discurso oficial recupera, a la mejor manera del gobierno del doctor Lacalle, la supuesta panacea de las privatizaciones, de la desregulación y de la apertura al capital privado nacional y extranjero.
– En este campo se inscriben las delirantes declaraciones del director de Educación, señor Enrique Martínez Larrechea, referidas a la privatización de la formación docente, que contaron, además, con el respaldo expreso del ministro Mercader.
Hasta qué punto habrán sido extremadas sus declaraciones que el propio presidente del Codicen, profesor Germán Rama, se vio obligado a establecer distancia con el jerarca. De todos modos, Rama se va y Martínez Larrechea.
En resumidas cuentas, la situación de gobierno ofrece un cuadro con elementos de significado distinto.
El delineamiento de una política económica de corte neoliberal sin concesiones, se vuelve un elemento de carácter estratégico: el crecimiento de la pobreza entre los trabajadores y el mantenimiento de tazas altas de desocupación por el repliegue de Estado como agente económico tendrán consecuencias sociales graves sobre una población ya gravemente castigada por años de políticas que le han dado las espaldas a las necesidades materiales de la gente.
Y si persiste, esta orientación dividirá irreversiblemente y a corto plazo las aguas en el campo político, más allá de la buena voluntad de los actores.
Compartí tu opinión con toda la comunidad