De los sueños a la realidad
Uruguay se caracteriza, más allá de las perimidas ideas de política económica que impone la coalición de gobierno, por una generalizada puja por la apropiación del ingreso, lo que no es una expresión del capitalismo «salvaje» que las administraciones blanqui-coloradas han introducido al país.
Parecería que el objetivo de los llamados agentes económicos no es otro que pujar por la «mayor tajada», utilizando cualquier tipo de arbitrio, haciendo la distribución del ingreso cada vez más regresiva. Hechos ocurridos en las últimas semanas muestran lo difícil que es para muchos empresarios manejarse en una economía claramente enferma, en que continuamente se modifican las reglas del juego y –como en un sonado y polémico caso verificado en las últimas semanas– se postergan pagos o se modifican reglas de comercialización, logrando algunos que tienen el poder económico, utilizar activos de los demás a su arbitrio.
La batalla por la apropiación del ingreso está desatada, por varios motivos, especialmente porque vivimos en un país en crisis en donde el juego de los más poderosos se impone al de los más débiles.
Las altas tasas de interés siguen ahogando a las empresas que todavía subsisten. En esas tasas las entidades financieras han logrado uno de los récords, imbatible a nivel mundial, en cuanto al «spread» que cobran.
Las tasas pasivas que se pagan son muy poco atractivas, y cuando pasan a ser activas se convierten en inalcanzables para quienes necesitan urgentemente dinero. Las entidades financieras afirman que eso se debe al «alto riesgo». La realidad es que las tasas activas superan a las que se pagan a los ahorristas, de cincuenta puntos hasta cientos de puntos, siempre que consideremos lo que hacen las entidades financieras legalmente establecidas, que intentan todavía continuar con sus actividades de crédito.
Ese «spread» es mucho mayor cuando se informaliza la actividad prestataria. «Financieras» y prestamistas privados no tienen medida, tratando de apropiarse del ingreso de la gente, cuando no buscan desembozadamente quedarse con los bienes que sus acreedores han hipotecado como garantía.
Tenga en cuenta el lector que de acuerdo con lo establecido en la ley contra la usura que considera el Parlamento, ese término tan denigrante para la actividad económica, se caracteriza cuando las tasas activas que se intenten cobrar superen en 70 puntos a la media de las tasas de interés que se manejen en la plaza.
Un economista liberal diría –el doctor Ramón Díaz lo ha reiterado varias veces– que el mercado es el que regula las tasas de interés y que leyes como la de usura distorsionarán más su funcionamiento.
Sin embargo, nada dice de otros vicios. Cuando se estudia el mercado uruguayo de dinero y el funcionamiento de la banca comercial en particular, queda en evidencia que existen problemas de tamaño de las instituciones, de superposición de servicios, de achicamiento del mercado, etc., todos temas que determinan este «spread» tan espectacular. Problemas que están vinculados también a otras distorsiones en la base misma de nuestra organización económica. ¿Cómo es posible que las tasas de interés activas estén tan alejadas de nuestra realidad? ¿Qué empresario puede acudir a un banco para financiar cualquier actividad, en un país de baja inflación, si las tasas que le cobrarán son enormes, imposibles de financiar dentro de los más ideales éxitos de una actividad?
La banca comercial necesita de una adecuación a la realidad económica del país, una reforma profunda que la ponga realmente al servicio del país, por lo que es necesario estudiar el tema de inmediato. De lo contrario esta reforma se producirá igualmente, siendo más gravosa para todos los uruguayos.
Por el momento la actividad fundamental de la banca es recibir depósitos de no residentes que, a su vez, recoloca en el exterior, de donde obtiene ganancias. Es una banca que lucra con las crisis ajenas y su riesgo mayor es la estabilidad de los países vecinos.
Mientras tanto, los uruguayos seguimos esperando que alguien comience a financiar nuestros sueños de desarrollo, para que con trabajo se conviertan en una realidad positiva para el país. *
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