Nuevos conceptos para gestionar espacios verdes en la IMM

JAIME IGORRA

 

Montevideo y en particular su zona central tienen la necesidad de espacios verdes. Los planes para diferentes parques capitalinos realizados en 1999 así lo demuestran.

Estos días soleados y especialmente los fines de semana, nuestra rambla costera, nuestras plazas y nuestros parques se llenan con la presencia de vecinos y visitantes en un reencuentro con la naturaleza.

Sin embargo hay zonas parquizadas que presentan una demanda intensa y otras constituyen en ese aspecto un verdadero fracaso. Es indudable que la simple presencia de un espacio verde no es suficiente, lo que importa es el uso que la gente haga del mismo. La causa de la fuerte demanda en alguno de estos espacios radica básicamente en sus atractivos, en su conectividad con los barrios capitalinos y la aceptación que la ciudad tiene de la zona parquizada.

Ultimamente, Montevideo cuenta con un nuevo tipo de espacios verdes y son aquellos considerados activos y también temáticos. El éxito de estos sitios se basa en potenciar el atractivo de una actividad –puede ser de naturaleza cultural, gastronómica o deportiva– o un tema muy convocante con buen diseño como intenta ser el Jardín Japonés en el Museo Blanes, la Rosaleda del Prado considerada una de las más lindas del mundo o los nuevos espacios en la rambla sur, auspiciados por la Junta de Galicia o por la Embajada de EEUU, que con los aportes de diferentes estudios de arquitectos conjugan naturaleza y arquitectura convirtiendo o reformulando el paisaje natural o artificial para ser usado y disfrutado por el público. De este modo se genera una arquitectura paisajística donde el movimiento y el contexto histórico, político, social y económico son las variables principales para aprovechar al máximo el cielo, el verde y el agua.

En estos proyectos también se incluyen el rescate y el respeto por las estructuras preexistentes, incorporando con oficio nuevas demandas de esos espacios.

El Parque Rivera, el Parque Batlle, el Parque Rodó, el Prado y el Vaz Ferreira, así como otras zonas parquizadas de Montevideo, demuestran en la actual gestión un giro en la concepción, ya que no son únicamente un lugar de contemplación de la naturaleza sino que intentan convertirse en espacios de gran contenido cultural, potenciando la arquitectura, el urbanismo y el paisaje, procurando acercar de modo más efectivo la gente a la naturaleza.

El intento más ambicioso será la recuperación de las márgenes y cauce del Arroyo Miguelete, obra que la IMM se esfuerza por culminar y donde ya pueden apreciarse diferentes intervenciones.

Tanto para los espacios a crear en las márgenes del Miguelete como en los parques mencionados, los proyectos pretenden que fundamentalmente los niños tengan en la ciudad un verdadero contacto con la naturaleza, y ver estos espacios «con ojos de niño» no implica actitudes infantiles en su gestión. El aspecto lúdico en los proyectos está hoy más que nunca presente para combinar lo didáctico y lo recreativo, la verificación sobre concesiones de instalaciones utilitarias de vieja data, que puedan atentar contra estos conceptos en muchos de estos espacios, requiere para la Administración una eficaz fiscalización sobre las mismas.

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