Preocupantes expresiones de violencia

Mucho se ha hablado últimamente con motivo de los atentados terroristas del 11 de setiembre, y sobre todo a raíz de la respuesta bélica desatada por la administración Bush en el Medio Oriente, sobre el auge de las soluciones violentas para resolver los conflictos entre los seres humanos.

Desde la aparición de los primeros homínidos hasta nuestros días, la civilización ha logrado avances significativos en varios ámbitos pero se ha mostrado incapaz de erradicar la violencia. El recurso de la guerra sigue siendo tan frecuente como hace un siglo, y los organismos internacionales se muestran impotentes para detener a las potencias que se embarcan en aventuras bélicas.

Pero en otro nivel, a otra escala más doméstica que la de los conflictos entre naciones, también es posible advertir un incremento de los recursos violentos. Algo que ya se ha transformado en un lugar común es denunciar el aumento de la violencia delictiva: aumento de los delitos pero también de las formas más violentas; copamientos, arrebatos, asaltos a choferes de taxis o de ómnibus, etcétera, configuran un panorama alarmante que genera ese sentimiento de inseguridad entre la población. En estos días se informó del reclamo de vecinos del barrio La Chacarita –en el lejano nordeste montevideano– de que se «semimilitarice» la zona en razón de que la Policía no da abasto para prevenir y reprimir la delincuencia.

Sin embargo, el tema no se agota en las guerras y las rapiñas. También por estos días, un espectáculo musical derivó en desmanes incontrolables, con autos incendiados, comercios saqueados y varios heridos. Dos días después, la llegada de la selección australiana de fútbol se convirtió en una demostración de incivilidad patoteril inconcebible que nos cubrió de vergüenza. Tal vez no debería asombrarnos pues estamos acostumbrados a que ciertos partidos de fútbol terminen inexorablemente en situaciones de violencia generalizada e injustificada.

Más allá de que la violencia sea un componente de la condición humana, algo que Freud estableció hace un siglo y que parece bastante obvio, en el mundo actual se dan ciertas condiciones objetivas que promueven las conductas violentas. En ese sentido se pronunciaron especialistas que coincidieron en señalar que las penurias económicas, el desempleo, la inseguridad, la falta de horizontes, generan la percepción de sinsentido propicia para que afloren comportamientos agresivos. Entonces, cualquier oportunidad es apropiada para descargar toda la frustración de forma irreflexiva y casi irracional.

Si partimos de la base de que los impulsos violentos integran el alma humana, es fundamental hallar y promover las formas de canalizar ese sentimiento, de manera de que no aflore imprevistamente bajo el efecto de una circunstancia fortuita.

Son éstas, consideraciones que la clase política deber tomar muy seriamente en cuenta. La escasa participación política que se viene dando desde hace ya un buen tiempo es uno de los elementos que hay que estudiar a fondo. La credibilidad del sistema político opera como factor atractivo para canalizar adecuadamente los anhelos y frustraciones, las expectativas y desencuentros de los ciudadanos. Pero ocurre que actualmente esa credibilidad está bastante devaluada, y los jóvenes no se sienten estimulados a participar en la vida política. Si a ello sumamos la escasa movilización sindical, tendremos un panorama preocupante que es menester corregir a la brevedad. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje