La viveza criolla y la porteña
Capítulo I
Escuché por la radio a un muy ofuscado intendente de Maldonado, señor Antía, que increpaba duramente a la administración Arana, por el pecado de «haberse pasado de rosca», en materia de los controles a los autos que circulan, ¿todavía?, con matrículas del Interior, en Montevideo. Dijo que se estaba molestando a los habitantes del Interior, haciéndoles perder tiempo e incluso, presionándoles para que matricularan sus vehículos en Montevideo. Se refirió al pernicioso «centralismo» montevideano, como un ataque al Interior. Mencionó dos casos de empresas que trabajando en Maldonado (reparaciones viales y señalización), eran coaccionadas a matricular en Montevideo, por el mero hecho de tener sus oficinas centrales allí (aquí).
Capítulo II
Leí una nota periodística del diario LA REPUBLICA, transmitiendo, con cierto pudor (?), las soeces declaraciones del «uruguayo» (?) Lucho Avilés, respecto al efecto negativo que ha resultado, para los porteños que vinieron el último fin de semana con fines turísticos y fueron multados (en particular EL), por exceder, en su tránsito por la Rambla costanera, la velocidad fijada como límite superior, de 75 kms./h.
La conclusión expresada por Avilés se sintetiza en que dicha conducta de los inspectores municipales, que produjo molestias en algunos potenciales turistas, provocaría en ellos, la decisión de no veranear en Punta, en la inminente próxima temporada. Anunciando apocalípticamente, la posibilidad de que los porteños terminen yéndose al Brasil por el Paso de los Libres (¿será una insinuación?)
Conclusiones a manera de respuestas:
I)
– Es público y notorio que «la guerra de las patentes» se desató porque había un trato desigual (léase desleal, de intendencias que cobraban menos valor, buscando así aumentar sus «adherentes»), vivieran donde vivieran, para las patentes de sus autos.
– Es público y notorio que la Intendencia de Maldonado, que tiene sus ingresos fundamentales, en materia de la Contribución Inmobiliaria, hizo desde siempre, una política de «dumping departamental», estableciendo un valor de patente muy menor del promedio, que le permitía captar a todos aquellos «extras», que, a través de la manida «viveza criolla», se agenciaban la forma de sacar su patente allí, con alguna excusa generalmente impresentable, y con la benevolencia cómplice de funcionarios municipales fernandinos debidamente adoctrinados por sus jerarcas.
– Es público y notorio que además la tenencia de una chapa de Punta, significa, aun hoy, para muchos, la detección de un «status» que les rellena el ego y les facilita y mejora en sus relaciones «sociales»,
– Es público y notorio que, siendo una forma de ingresos de cada intendencia, esos importes se debieran destinar, aunque sea parcialmente, al mantenimiento y mejoramiento de las rutas y calles que los vehículos, en su andar cotidiano, suelen ayudar a deteriorar, por lo que resulta lógico que se pague en el lugar donde se circula con preferencia.
– No se trata, como dice Antía, de que la Patente de Rodados es un Impuesto a los automóviles. Esa es una forma muy «política» (para no usar otro término) de llevar las aguas del tema hacia su molino.
– Y lo más preocupante es que, como solución, Antía ofrece a los molestos y molestados ciudadanos con chapas del Interior que circulan con habitualidad, por Montevideo, un Certificado de Vivencia en el Departamento. Así que ahora, la garantía de que los usuarios de chapas del Interior viven realmente en Maldonado pasa a quedar bajo la más que dudosa o por lo menos interesada documentación que hará la IM Maldonado.
¿No será Antía, el que se pasa… de vivo?
II) Respecto a la molestia del «uruguayo de nacimiento» Avilés, pero, por lo visto, muy aclimatado a «la porteña», la situación es casi cómica, si no fuera por lo trágico que significaría acceder a que los turistas porteños, para que no se espanten en su devenir turístico, puedan circular por las rutas de Montevideo y del país, a la velocidad que ellos se fijen.
Estamos bastante cansados de ver los accidentes graves protagonizados, especialmente por ellos en la Ruta 1, en cada temporada, casi todos por exceso de velocidad. Incluso recordamos, como botón de la muestra, uno especialmente grave, en que un conductor de ese origen, llevó por delante un refugio peatonal, cercano a una escuela, dejando lesiones irrecuperables a dos escolares de la zona. Si el precio que tenemos que pagar para que vengan los turistas porteños a veranear, es otorgarles un «libre pase, vale todo», libre de obligaciones mínimas de conducta, en materia de seguridad vial, entiendo que sería mejor que se fueran por el paso referido.
Mal camino el elegido por ambos ciudadanos, para hacer llegar sus planteos.
Ni la demagogia política, ni la «cholulez» a la porteña tendrán cabida en la seriedad de la gestión municipal.
Nosotros no somos incondicionales de Arana. Todo el que lo quiere saber, lo sabe.
Y aceptamos las críticas que resulten constructivas, como un camino democrático lógico e imprescindible.
Pero tampoco estamos dispuestos a permitir, sin contestación y denuncia respectivas, estas actitudes destempladas y con motivaciones de dobles intenciones inaceptables.
Epílogo transitorio:
Así es la dinámica de los tiempos. Cuando esta nota estaba todavía «en maceración», hay situaciones complementarias que la desactualizan.
Respecto al caso Avilés, aparece una retractación de los dichos más graves, vertidos contra Arana. La «cholulez aporteñada» ha dejado paso a la cuasi cordura, inducida por la contundencia de la prueba: El 4×4 de Avilés circulaba a exactamente 116 km/h… según lo muestra el «radar» respectivo.
En el caso Antía, como era de esperar, la cosa se complicó, porque, ávidos de notoriedad, han salido otros politiq… a subir la apuesta.
Ronald Pais apunta con el inefable argumento superliberal:
¿Qué tiene de malo que una persona viva en Montevideo, transite en Montevideo, rompa las calles de Montevideo y pague su patente de rodados en Rivera?
(Sobre todo si de ello resulta un importante daño a un enemigo político irreconciliable al que hay que neutralizar de cualquier manera…).
Antía, sin ir tan lejos, apadrina la idea de que la persona puede matricularse en cualquier lado, con la sola exigencia de tener un «vínculo» con el lugar elegido.
(¿Puede ser un «vínculo» ir a visitar a un pariente una vez por año en otro departamento diferente de aquel en que se viva? Dejamos planteada la pregunta)
Borsari, el empapelador de los muros de la Rambla, con su «si bajan las tasas de interés (ellos), (nos) reactivamos todos (nosotros)», sube la apuesta de su correligionario Antía y habilita tímidamente el camino hacia el «juicio político» a Arana.
Así como los violadores de derechos humanos tienen sus defensores en el Parlamento, también existen los defensores de los «vivos…», con la expectativa de que ello redunde en réditos políticos.
Como en el ómnibus o en la esquina del barrio, cualquier «vinculito» sirve.
Tres a uno y pelota al medio. Así está el futbolito de la política y los medios de prensa.
Seguramente auguramos un Continuará.
Eso sí. El próximo artículo lo voy a tratar de sacar en Caras y Caretas… *
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