La oligarquía tiene un sueño

JOSE LUIS SAMPAYO PIREZ

 

Hace unos días, en un medio de prensa, un empresario pidió públicamente al gobierno la denuncia de todos los convenios con la OIT ratificados por Uruguay. No podemos cometer el agravio de pensar que la mayoría de los empresarios de este país, asumen como propia la filosofía de este despótico y cavernícola habitante del siglo XXI, pero sí estamos convencidos que muchas de las decisiones del gobierno tomadas en la última docena de años, llevan a un grupo de estos empresarios a pensar que deben retomarse los tiempos de la explotación humana incontrolada. Esta forma de pensar, es estimulada por la consecuencia con que los gobernantes han respondido a los planteos empresariales reiterados de apoyos múltiples a sus problemas, algunos ciertos, otros inventados.

Desde la desregulación laboral, hasta la eliminación o rebaja de aportes patronales al Banco de Previsión Social, los gobernantes y algunos que no lo son, se han inclinado por sumir al trabajador en una de las etapas más tortuosas de la rica existencia de nuestra legislación laboral, en tanto el Banco de Previsión Social ha perdido en aportes más de 160 millones de dólares como consecuencia del no aporte patronal.

Estas dos situaciones van de la mano. El deterioro del marco jurídico que ampara al trabajador le quitó ya la posibilidad de negociar un salario, y solamente una cifra menor al 20% de los trabajadores en actividad tienen un convenio vigente. Las consecuencias son malos tratos permanentes, persecución sindical, sueldos de hambre y despojo de lo que por horas extras deberían percibir, evasión, ocultamiento de trabajadores, etc. Ese es el trato más común que recibe hoy un trabajador.

¿Cuánto tiene que ver ello con el Banco de Previsión Social?

El pago masivo de salarios miserables ya implica un volumen de aportes irreal, dado que no se respeta la escala normal en cualquier rama de la actividad.

Muchas empresas, incluidas las multinacionales, recortan la pirámide de su personal generalmente en el último tercio superior y la suplantan con mano de obra más barata, que asume mayor responsabilidad pero similar salario. La aportación a la seguridad social del trabajador decrece y aumentan las peripecias financieras del sistema.

Como consecuencia, se ha desvirtuado gran parte de la conquista que significó la modificación del artículo 67 de la Constitución, que establece que los ajustes de las pasividades se deben regir por el Indice Medio de Salarios.

Al deprimirse este índice por obra y gracia de la voluntad de las patronales y sin que el Poder Ejecutivo se dé por enterado, las pasividades también se deprimen.

Además a esta altura ya nadie quiere pagar aportes patronales dado el trato desigual a que se ha llegado, obligando a unos a pagar y exonerando a otros, lo que evidentemente configura una gruesa violación constitucional.

La permisividad esclavista a que se ha llegado, legaliza estas cosas. La evasión tiene hoy dimensiones históricas. Una auditoría internacional del BID la ubicaba hace cinco años en el 54%, y todos los informes posteriores indican un crecimiento de esa cifra.

Pero el aumento constante de la desocupación en los últimos diez años y la permanente rebaja salarial, han resentido los aportes previsionales.

A pesar de que el gobierno ha sancionado voluminosas leyes de urgencia que contienen también extensos capítulos referentes al fomento del empleo, está por verse adónde fueron a parar las rebajas de aportes patronales que implicaron tantos millones de dólares y que no crearon ningún puesto de trabajo. Lo que sí aumentó fue la pobreza y, como consecuencia, bajó el consumo y por lo tanto la aportación de IVA, lo que da como resultado que también se deprimieron los siete puntos que por ese concepto debe recibir el Banco de Previsión Social.

El gobierno ha llegado a la tercera parte de su mandato y no podemos señalarle mérito alguno. Todos han sido fracasos, porque aún en coyunturas desfavorables, repitió la receta y el fiasco fue mayor. De esto hay para rato.

También es claro que este gobierno no tiene un compromiso con la ciudadanía, sino con determinados segmentos de ésta, que es a los que hasta ahora ha contemplado.

Antes, los ministros fracasados se iban, tenían vergüenza.

Hoy, puede que hasta cambien de partido, pero de irse ni hablar, total si alguien paga, es el de abajo. *

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