El triple crimen

LEON LEV

 

La verdad se abre paso. A dieciséis años de caída la dictadura, un órgano vinculado al Estado uruguayo, la COMISION PARA LA PAZ, reconoce el trágico destino de los detenidos-desaparecidos.

Fueron torturados, asesinados en dependencias militares y hechos desaparecer, para borrar las huellas del crimen.

En dictadura se cometió el doble crimen: tortura y asesinato, primero, desaparición después.

Las familias han vivido veinticinco años en la cruel situación de no saber a ciencia cierta el destino de los familiares. La casi cierta convicción que habían sido asesinados. Pero si no fuera así. Si cupiera la remotísima posibilidad de otro destino.

Nadie quería velar a sus familiares queridos sin tener pruebas finales.

Por eso, ahora, que se comienza a saber la verdad, emerge el triple crimen. El cometido en democracia, cuando se quiso dar vuelta la página, olvidar, caer en amnesia histórica. Echar un manto de silencio. Pero las voces de los cadáveres insepultos seguían clamando, preguntando, cuestionando, reivindicando justicia histórica.

La labor incansable de los Familiares de Desaparecidos, los 20 de Mayo en recuerdo de Zelmar y el Toba, pero también del Dr. Liberoff desaparecido en la misma fecha, las decenas de familias que nunca olvidaron y fueron un estímulo vivo para lograr la reparación histórica.

Sin deseos de venganza, convencidos de que sólo la verdad histórica podría vacunar a nuestra sociedad, para que nunca más se volvieran a repetir este tipo de crímenes.

¡QUIEN, COMO, CUANDO Y DONDE! Cuatro preguntas partidas desde el alma de la nación.

Mucho más, cuando verdugos que participaron en esos actos de vesania siguen reivindicando que la dictadura fue una guerra irregular y que en ella vale la metodología de matar, torturar, secuestrar o hacer desaparecer personas.

La inmensa mayoría del país apoya a la Comisión para la Paz en su búsqueda de la Verdad.

No les devolveremos la vida a los desaparecidos, pero sí el derecho a su real existencia.

Como dijo la viuda de un desaparecido, quien tomada de la mano de una de sus hijas, durante las horas del desgarrante relato, sobre las causas y el momento de la muerte, concluyera: Ahora sí podremos velarlo.

Todavía falta saber cuál fue el destino de sus restos. Es información inconclusa pero que es necesario desentrañar.

A nuestros desaparecidos no les pasará como en el Reggae de las mariposas, del poeta: Aquellas mariposas que volaban

Hacia el silencio del mar…

¡No vayáis! ¡No vayáis!

No encontraréis en ese mar

Un lugar donde posaros.

Tendrán un lugar donde posarse. Habrá un memorial para los desaparecidos.

Pero si fuera posible una tumba para cada uno.

Porque hace a la calidad de la democracia en que queremos vivir. Para que nadie se crea que puede hacer justicia por mano propia.

Para que la memoria impida nuevos crímenes.

Porque los uruguayos no queremos revanchas ni venganzas, pero tampoco vivir bajo el temor de la espada de Damocles.

Sólo la verdad nos hará fuertes, con una democracia sin olvidos ni silencios.

Que incluya también la verdadera identidad de los niños-desaparecidos, que como la nieta del poeta puedan reencontrarse con sus familias biológicas y no vivir eternamente en el reino de la mentira.

Esa es la democracia del siglo XXI, que cierre las heridas del siglo XX. *

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