En memoria de Juan Bosch, humanista integral

Al comenzar el mes en curso nos llegó la noticia de la muerte de Juan Bosch Gavino, ocurrida en su patria, la República Dominicana, en la admirable ancianidad de sus noventa y dos años. En este mismo diario, el 4 de noviembre, Niko Schvarz publicó una nota excelente titulada «Juan Bosch y la invasión de los marines en 1965″. Injustamente, Bosch quizá es menos conocido en estas latitudes que otros grandes líderes latinoamericanos de la vigésima centuria, por ejemplo Lázaro Cárdenas o Salvador Allende. sin embargo, no estuvo en lo más mínimo por debajo de ellos en su profunda vocación por la democracia, la justicia social, el antiimperialismo y la dignidad ética, tanto en su pensamiento como en su acción, todo ello unido a un talento político indudable. Fue además periodista y ensayista sobre temas concernientes a la política imperial, y coronó todas las virtudes aludidas con su obra literaria.

Esta última ha tenido entre nosotros una difusión casi inexistente. Fue escrita en gran parte de manera silenciosa durante un largo exilio impuesto por su oposición indoblegable a la satrapía asesina patrimonialista, inmoral y orgiástica de Rafael Leónidas Trujillo Molina y su familia, sus compinches y sus turiferarios. Recién después de morir el tirano a manos de sus propios amigos, Bosch pudo regresar a la República Dominicana y fue electo en 1962 como legítimo presidente, encabezando al Partido Revolucionario Dominicano que él mismo había fundado en su lucha contra la dictadura, en 1939. Pero por desgracia, su presencia fue muy efímera. Lo derrocó un golpe militar de trujillistas residuales bajo la tutela de Estados Unidos, el 26 de setiembre de 1963, un día antes de cumplirse siete meses desde que Bosch había asumido el mandato popular.

La obra literaria de Bosch consistió principalmente en una elevada cantidad de cuentos, género del que fue un cultor eminente. Nunca buscó la notoriedad artística ni el halago de críticos noveleros, no integró ningún promocionado «boom» literario ni fue codiciado por los empresarios editoriales. Pensamos que sería tarea vana tratar de encontrar hoy en nuestras librerías alguna de sus obras. No obstante, hace unos cuatro o cinco años, en una liquidación de libros usados adquirimos por un precio increíblemente bajo el segundo de los tres volúmenes titulado en conjunto «Cuentos escritos en el exilio», editado rústicamente en Santo Domingo en 1974. El volumen se inicia con tres capítulos que presumiblemente recogen unas conferencias pronunciadas por Bosch en Caracas durante setiembre de 1958, bajo el título «Apuntes sobre el arte de escribir cuentos», que constituyen a nuestro juicio un aporte de gran valor a la teoría de dicho género literario.

A continuación siguen doce cuentos de muy diversa extensión (hay uno que abarca noventa y dos páginas y, sin embargo, no es una novela ni una «nouvelle» sino un cuento), escritos con un estilo límpido y hábiles recursos que no caen nunca en la gratuidad exhibicionista; así, en Bosch es frecuente el uso de las casualidades, pero en forma tal que parecen al lector absolutamente verosímiles y necesarias, muy lejanas de las utilizadas en muchos arcaicos melodramas. Tampoco cae Bosch jamás en la literatura panfletaria a la cual son proclives algunos políticos puestos a escribir obras de ficción, ni en el tentador pintoresquismo tropical o «color local» en el que muchos han naufragado. Bosch crea climas a veces realistas y otras veces –incluso dentro de un mismo relato– fantasmagóricos (ejemplo de esto es el cuento «El funeral»); construye personajes muy difícilmente olvidables, como el protagonista del cuento «Victoriano Segura»; y cabe decir sin temor –concluyendo este sumarísimo análisis– que cuentos como «La Nochebuena de Encarnación Mendoza» merecen figurar entre los mejores que se han escrito en América hispánica.

Bosch debe ser más y mejor conocido, en todos los aspectos de su personalidad, rica y polifacética como pocas. En los tiempos que vivimos, signados por la dominación, la injusticia, la desigualdad, la miseria, el atraso, la corrupción y el crimen terrorista –tanto el venido de Oriente como el practicado por occidente– es más necesario que nunca recordar y recoger el legado invalorable de figuras como la de Juan Bosch, un auténtico humanista. *

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