Premio Nobel Stiglitz: privatizaciones, 1desregulación y seguridad social
ERNESTO MURRO
Integrante del equipo de representación de los trabajadores en el BPS.
Estuvo en Montevideo el economista y docente Joseph Stiglitz, invitado por la Universidad de Montevideo y la Embajada de EEUU, a quienes debemos agradecer su presencia.
Recientemente galardonado con el Premio Nobel de Economía, ex vicepresidente y jefe de economistas del Banco Mundial (hasta diciembre 1999), asesor de Bill Clinton (1993-97). Por lo tanto, una fuente insospechable.
Es considerado uno de los mejores docentes en economía, desarrollando su actividad en las Universidades de Yale, Princeton, Oxford, Stanford y ahora en Columbia.
Ha escrito más de 300 documentos y una docena de libros. El Premio Nobel se le adjudica por su investigación junto a George Akerlof y Michel Spence, acerca de la asimetría de la información en economía.
De nuestra parte, lo conocemos y difundimos desde fines de 1999, cuando escribió un excelente trabajo crítico sobre la privatización de la seguridad social aconsejada por el Banco Mundial particularmente impuesta en América Latina: «Un nuevo análisis de la reforma de las pensiones: Diez mitos sobre los sistemas de seguridad social». Este documento lo hicimos público en junio de 2000 y está disponible en nuestro sitio web: www.redsegsoc.org.uy
Estuvimos junto a Ariel Ferrari (director por los trabajadores en el BPS) en su conferencia en la sede del Banco Central, el martes 13.
Destacaremos algunas de sus opiniones, complementando con algunas entrevistas de prensa, porque creemos que algunas ideas importantes no han tenido suficiente difusión pública. Por ejemplo no se ha publicado nada de lo que dijo de seguridad social.
Y consideramos sus opiniones una importante contribución para un mejor análisis de la realidad nacional e internacional, por lo que además estamos a la espera de la publicación de su conferencia, que en próximos días hará seguramente la Universidad de Montevideo.
Stiglitz es impulsor de una dimensión social de la economía, de una visión más amplia, democrática y equitativa sobre el desarrollo sostenible. Crítico del FMI, del Banco Mundial y del Departamento del Tesoro de EEUU (motivos de su renuncia a la vicepresidencia del Banco Mundial).
Partidario de la competencia entre lo privado y lo público. Propone fortalecer el estado, hacerlo eficiente, reinventar el gobierno, buscando formas alternativas de hacer más eficiente la cosa pública.
E incluso ante una tendenciosa pregunta al final de su conferencia sobre la incidencia de los empleados públicos en el presupuesto uruguayo, contestó que más que la cantidad, lo importante es que el estado sea eficiente.
Dice que después de una década de economía de mercado, vemos que ella no funcionó muy bien, pasando a exponer claros ejemplos de fracasos en privatizaciones y desregulaciones:
1.- en empresas de electricidad en California (en pocos meses quebraron y los precios subieron diez veces);
2.- privatización de trenes en Gran Bretaña y México (hoy se propone renacionalizar);
3.- privatización del servicio de agua en Bolivia castigando a los más pobres;
4.- privatización de la seguridad social a través de los fondos complementarios en Reino Unido, reduciendo un 40% los beneficios debido a los costos administrativos, señalando que sí son buen negocio para el sector financiero;
5.- las consecuencias peligrosas de la privatización de la Corporación Enriquecedora de Uranio de EEUU (USEC) en 1997 con su oposición (era presidente de asesores económicos de Clinton) donde priorizando las ganancias se negocia con los rusos arriesgando la seguridad nuclear no sólo de EEUU (ya hay propuestas de renacionalización) ;
6.- tercerización de la seguridad en los aeropuertos de EEUU: los bajos salarios que se pagaban a los agentes de seguridad generaban grandes ganancias.
«Las aerolíneas y los aeropuertos habrán ganado a corto plazo, pero tanto ellos como el pueblo de EEUU han perdido a la larga, como hoy sabemos con horror» (reflexión posterior al 11 de setiembre);
7.- fracasos en las privatizaciones en la ex Unión Soviética: luego de criticar el antiguo régimen, destaca que ahora la producción cayó 40%, la pobreza subió del 2 al 40% y la mitad de los niños son pobres en Rusia.
Y contó en inglés un chiste: dicen ahora en Rusia que » La economía de mercado es incluso peor de lo que el comunismo dijo que iba a ser»…
Señala Stiglitz que, siguiendo al Consenso de Washington, cuna de la ideología neoliberal, se partía de una idea simple: el mercado con su mano invisible por sí solo lleva a logros eficientes y no hay que preocuparse por la distribución; la privatización siempre va a funcionar y va a ser eficiente; la información siempre es perfecta y pequeñas imperfecciones no alteran la economía.
Pero nos alerta: la realidad es más compleja. Con frecuencia los mercados no funcionan eficientemente y con frecuencia los gobiernos tienen que actuar para mejorar las cosas.
Puso ejemplos de cómo a veces se hacen mal las cosas en el Estado para fomentar la privatización, destacando que los servicios públicos no son inherentemente ineficientes.
Uno de esos ejemplos es el de un gobierno africano que primero aumentó la tarifa de acceso a Internet para uso de la Universidad para luego justificar con ello la privatización de las telecomunicaciones
Reconociendo que en algunos países existe la corrupción en el estado, destacó que la privatización puede llevar a la institucionalización de la corrupción. Y allí contó otro chiste. Definiendo a los consultores del Banco Mundial y del FMI que se creen «misioneros» porque van «en misión», dijo que llegan a los países subdesarrollados y les dicen a los gobernantes : «Ustedes son corruptos».
Y los gobernantes responden: «Perdón, no lo vamos a hacer más.»
Y pensando un poquito, agregan: «Â¡Aleluya!, nos han dado una idea: vamos a privatizar».
Y contó ejemplos de cómo hay gobiernos que privatizan incluso comprometiéndose a comprar toda la producción de las compañías privadas (por ejemplo en electricidad) aunque no la necesiten. A partir de allí ejemplificó con casos de posibles sobornos y corrupción.
Otro de sus capítulos es la crítica al Banco Mundial y al FMI: dice que juntos han estado involucrados en programas llamados «de ajuste estructural» y demasiado seguido esas políticas han sido guiadas más por ideologías que por conceptos de economía. «Nuestro sistema global se caracteriza por un conjunto de inequidades. Parece cada vez más importante eliminarlas».
Y refiriéndose concretamente al FMI, dice directamente que no es democrático ni transparente. «Sus políticas afectan a las personas y a las economías de una manera que ninguna corporación podría afectarlas jamás. Como institución pública debería ser dirigida a partir de principios democráticos».
Y ejemplifica: mientras quienes tomen decisiones allí sean fundamentalmente los presidentes de los bancos centrales y los ministros de finanzas, sólo se tomarán en cuenta sus opiniones, y no de los trabajadores u otros sectores sociales.
También el ilustre profesor se refirió a la inflación y el desempleo. Dijo que hay quienes creen que la inflación es como el alcoholismo. No hay pruebas de que si sube un poco, siga subiendo, ni de que el costo de bajarla (cuando sube) sea muy alto.
Por ejemplo dijo que un poco de inflación puede corregir algo del desempleo y eso se usó en EEUU y fue el programa social más importante de ese país: bajó el desempleo, mejoró la seguridad social, bajó la delincuencia. En Corea, Tailan
dia, India, China, Malasia, con suba de devaluación y bajos intereses, no tuvieron inflación. Y concluyendo señaló: es más riesgoso prolongar altos desempleos que algo de inflación.
Criticando a Bush, señala que está impulsando un recorte impositivo que principalmente beneficia a los ricos y a las empresas y que no estimula la reactivación de la economía. Stiglitz propone dar dinero a las personas que están desempleadas para que lo gasten, para que paguen su alquiler y así ayudar a la economía. Sostiene que el costo que puede tener bajar la inflación de un país en desarrollo por debajo del 10% en términos de alto desempleo y problemas sociales, es mayor que los beneficios que se obtienen de esa política. ¿Qué les parece?
Y puso como otro ejemplo bueno de políticas públicas, la mejora con bajo costo en la administración de la seguridad social en EEUU. Luego de dicha mejora, la población considera a su sistema público de seguridad social una de las 4 mejores corporaciones del país. Inculcando la idea de que la administración es para servir a los jubilados y no de que los ciudadanos existen para servir a los gobiernos.
Al finalizar su conferencia, ante una pregunta que intentaba hacerle decir a Stiglitz lo que no piensa, fue aun más categórico: los argumentos usados para fomentar la privatización de la seguridad social eran (en su mayoría) fraudulentos.
Pongo en su mayoría, tratando de ser lo más objetivo posible, previendo problemas de traducción, pero creo que dijo directamente que los argumentos eran fraudulentos.
O si se prefiere, como lo dice en el trabajo citado «Diez mitos sobre los sistemas de seguridad social»: la mayoría de los argumentos a favor de la privatización de las jubilaciones no se confirman ni en la teoría ni en la práctica.
Y también como en otras ideas expuestas, puso ejemplos y dijo que ellos podían ser de interés para los países de América Latina por sus reformas privatizadoras en seguridad social.
Dijo que una de las cosas que se hacía (y hace) era comparar el sistema público real de seguridad social con un modelo privado mítico, ideal, aún no probado, suponiendo que no tiene costos de transición ni altos costos administrativos, que los trabajadores están perfectamente informados, que los inversores son sofisticados. Y acá, también es de aplicación el motivo por el que ganó el Premio Nobel: la asimetría de la información. Vaya si lo sabemos los uruguayos y los latinoamericanos…
Con razón, algunos participantes de la conferencia en el Banco Central se retiraron molestos y antes de que terminara… Para ellos, no fue un buen martes 13. *
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