Incoherencia política

CR. CARLOS FERNANDEZ RAPETTI

 

Vicepresidente de la Agrupación Universitaria del Uruguay

A esta altura de la crisis económica que afecta nuestra patria, con su trágica secuela de desocupación, miseria, corrupción y consecuente descreimiento general en el sistema político, debe llamarnos poderosamente la atención la actitud actual asumida por el Partido Nacional.

Conocimos su historial glorioso, su nacionalismo y antiimperialismo en las mañanas de nuestra vida. Nacimos a la vida política en la comprensión de sus viejos principios, de su honestidad, de su espíritu renovador, su defensa intransigente de las masas campesinas y de su alto espíritu democrático, frente al centralismo secular del Partido Colorado, al que enfrentaron ofreciendo sus vidas en defensa de sus ideales.

Bebimos de nuestros progenitores y hoy ¡oh sorpresa! ya en la casi noche de nuestra vida no encontramos en su accionar político nada de aquello en que cuando jóvenes creíamos eran principios fundamentales y permanentes.

Tal vez no me corresponda a mí opinar sobre el comportamiento de una colectividad política a la que hace años no pertenezco, porque hace ya muchos años que soy militante del Encuentro Progresista, pero me tomo el atrevimiento de, añorando mis sentimientos juveniles, opinar hoy objetivamente como técnico. No hay cristalinidad, está dividido, su nacionalismo ha quedado reducido a una tolerante dependencia del capital internacional impuesto por el mal llamado neoliberalismo económico. Su falta de electorado es lamentable y su accionar político dentro de la coalición que lo encasilla, lo obliga a proceder contra sus principios. ¡Cómo sufriría mi padre si lo viera!

Ejemplo claro de esto es su oposición al Impuesto a la Renta, que históricamente implantó el Partido Nacional cuando era gobierno en el período 1958/62; que funcionó sin provocar ningún drama económico y que fue aceptado por la sociedad como lo que es: el impuesto más democrático y justo de un buen sistema fiscal, en el que paga más el que tiene más y no paga el que tiene poco o nada. El Impuesto a la Renta de las Personas Físicas existe en casi todos los sistemas fiscales de los países desarrollados y en casi todos los de América del Sur. En nuestro país no fue derogado por ninguna ley democrática; en 1973 fue derogado –junto con otros impuestos que gravaban a la riqueza, como el Impuesto de Herencias– por la dictadura cívico-militar. Debe ser reimplantado como lo plantea el Encuentro Progresista con sobradas razones, en un momento crucial de nuestra situación económica, para tratar de paliar –junto con otras medidas– la superación de la crisis. Se logrará así recaudar ingresos fiscales que no provengan sólo de las clases más necesitadas.*

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