TAMBIEN EXISTEN POLITICAS PROGRESISTAS

El ejemplo de la IMM

De la información brindada por el ministro de Economía, Alberto Bensión, ante la Comisión de Ganadería, Agricultura y Pesca del Senado, se desprende el estado de dependencia que vive nuestra economía de empresas, como las calificadores de riesgo, que pueden determinar en el mundo de hoy el nivel de los intereses que todos los uruguayos debemos pagar por los créditos recibidos. El ministro aseguró que por cada punto de incremento en el llamado «investment grade», el país deberá pagar un punto de IVA más de intereses. Toda la información brindada por Bensión fue aleccionante, mostrando las deficiencias de un sistema que en lugar de jugarse por el desarrollo, lo hace a favor de la intermediación financiera, sin medir las consecuencias que ello tiene sobre la población. Para defender la capacidad de pago de los servicios de la deuda, el gobierno –en una decisión que es de responsabilidad compartida con el FMI– prefiere achicar la capacidad de consumo de la gente, multiplicar la imposición, reduciendo de manera correlativa todo el escalonamiento que permitiría reactivar la economía. Ya no importa que el campo sea un vergel de producción y riqueza, que la industria funcione por lo menos para surtir las necesidades del mercado local y cubrir las necesarias exportaciones que hacen ingresar divisas al país, que el comercio exhiba en sus góndolas productos hechos por los uruguayos y no –como en diversos casos– artículos extranjeros a precios propios de una distinta escala de producción, cuando no de contrabando, que prácticamente han terminado ramas completas de la industria nacional. Una política a favor del país, de la reactivación del consumo –según Bensión–, determinaría que las calificadoras de riesgo aumentaran el nivel del «riesgo país», porque, claro está, nos encontraríamos en una situación que contrariaría los lineamientos del FMI, que quiere que los escasos recursos se dirijan exclusivamente hacia los especuladores financieros. Cabe, entonces, plantear las siguientes interrogantes: ¿Es posible seguir adelante con este proceso de empobrecimiento con el fin de sostener un mecanismo artificial que beneficia sólo al capital financiero? ¿Parece lógico que se sostenga que la refinanciación de los productores agropecuarios que mantienen deudas con los bancos privados sea un hecho negativo para el país porque podría disparar el «investment grade»?

Lo obvio es que el actual modelo ortodoxo llevará al país a mayores problemas, y habrá en el futuro un punto de inflexión en donde Moody’s u otras calificadoras de riesgo incrementarán los niveles de nuestro «riesgo país».

Sin embargo, de las mismas palabras del ministro Bensión surge un contradicción interesante que hoy reseñaremos y en alguna otra oportunidad analizaremos con mayor profundidad. Es la elogiosa mención realizada por el principal analista de Moody’s a la conducción de la IMM realizada por el Encuentro Progresista. Una conducción municipal que si bien adoptó medidas de austeridad, sigue concretando obras, y sus empleados — pese a las restricciones generales– son uno de los grupos laborales que tienen un mejor ingreso. O sea –pese a que Bensión diga lo contrario– son posibles políticas positivas destinadas al progreso de los uruguayos, algo que Moody’s reconoce. El método del gobierno nacional de acrecentar continuamente la pobreza tiene un futuro que será el contrario al que el ministro piensa: si seguimos así el «default» es una posibilidad cierta. *

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