La globalización de la respuesta

JOSE BALBO

 

Durante los primeros tres días de noviembre, se realizó en la sede de Ginebra de la OIT, el Foro Global del Empleo.

Fue un intercambio muy rico y plural, donde las organizaciones de los países más empobrecidos tuvieron la oportunidad de levantar sus urgentes reclamos al mundo.

En esta importante reunión, el señor Juan Somavia, director general de la OIT realizó un breve diagnóstico de la situación, pero lo más importante es que propuso acciones mundiales coordinadas. Es una voz de alerta y de esperanza a la vez.

Son verdades que en Uruguay las sufrimos día a día, pero que adquieren una dimensión tremenda por provenir de quien provienen: «Hoy, estamos sufriendo los efectos conjugados de los problemas no resueltos que se derivan de la pobreza persistente, la desigualdad y un proceso de globalización cuyos beneficios no llegan a todos los habitantes del planeta… Estamos presenciando la primera recesión mundial sincronizada de la era de la globalización… A lo largo de los años noventa, el nivel de desempleo global pasó de 100 a 160 millones de personas. En la actualidad, cerca de 1.000 millones de personas están ya sea desempleadas o subempleadas o se encuentran en la condición de trabajadores pobres. El 80 por ciento de la población en edad de trabajar no tiene acceso a una protección social básica…

Después de todo, el mayor riesgo para la seguridad, que afecta a las grandes mayorías en todas las latitudes, es el desempleo y sus secuelas de pobreza». (Juan Somavia)

Naturalmente, que luego de este diagnóstico es imprescindible plantearse acciones, cosa que responsablemente asume la OIT y tomando en cuenta la opinión de los trabajadores y de los empleadores, se propone una acción internacional coordinada de las organizaciones internacionales.

* Es imprescindible generar un conjunto de medidas globales para estimular la economía mundial. Partiendo de la base de que en el actual contexto de recesión, no hay margen político para exigir que la mayoría de los países subdesarrollados se aprieten más aún el cinturón. Pues, la aplicación de políticas inapropiadas pondría a millones de familias en situaciones por encima de su capacidad de resistencia. Estas políticas agravarían la pobreza y pondrían en peligro los fundamentos de la democracia.

La humanidad tiene la imperiosa responsabilidad de ocuparse de los más pobres entre los pobres de todas las sociedades y de atender las necesidades particulares de los países más duramente golpeados.

* Se debe reconocer que la globalización sufre hoy de una crisis de legitimidad. Es pues, muy oportuno el planteo realizado en el Foro Mundial: «Sería interesante reflexionar sobre los resultados que podría arrojar un referéndum mundial sobre el actual modelo de globalización. Tal vez nos permitiría comprender mejor el sentimiento reprimido de impotencia que experimentan tantas familias en todo el mundo. Allí se encuentra el origen de la crisis de legitimidad». (Juan Somavia)Es evidente que «la globalización o funciona para todos o no funcionará para nadie. El desempleo, la pobreza y la exclusión social son amenazas básicas para la seguridad humana».

No hay peor sordo que el que no quiere oír

En el Foro se desarrolló con claridad la importancia del desarrollo de políticas activas de empleo, lo cual lleva implícito la importancia del Estado.

La estrategia por el empleo no se basa en dejar librado al «dios mercado», como pregonan nuestros gobernantes y dirigentes empresariales. Las soluciones, por el contrario, en Europa se basan en tres pilares básicos: la protección social, la concertación y la descentralización en cada país.

Los trabajadores y sus organizaciones, los sindicatos, son socialmente reconocidos y son parte importante de la estrategia.

El fuerte papel del Estado y la participación de los sindicatos, son dos supuestos indiscutidos en todo el curso de las acciones: todo lo contrario de lo que pregonan los «aprendices de brujo» de nuestro país.

Acá se escandalizan cuando planteamos la reducción de la jornada de trabajo, ignorando que en Francia y en otros países de Europa, no sólo está provocando la creación de nuevos empleos, sino que está mejorando la calidad de vida de los trabajadores.

Sería interesante que nuestros gobernantes reflexionaran sobre cuál debería ser el objetivo de la Política Económica.

El importante planteamiento, al respecto, realizado por Joseph Stiglitz en el Foro podríamos sintetizarlo en que el objetivo de la Política Económica es el bienestar ciudadano. El trabajo decente es una parte importante de la vida del ser humano. Por lo que la conclusión lógica es que un buen puesto de trabajo es la mejor señal de bienestar y no hay mejor lucha contra la pobreza que la creación de puestos de trabajo digno.

Por lo tanto, señores ministros de Economía del Mercosur, si realmente quisieran el bienestar de la población, deberían estar aplicando políticas anticíclicas y priorizar la lucha contra el desempleo y dejarse de joder con la lucha contra la inflación y la estabilización macroeconómica solamente.

Sin duda que es nuestra tarea, como movimiento sindical, seguir organizándonos y luchando hasta obligar a «nuestros sordos» a ponerse los audífonos y hacer que comprendan que no hay margen político para exigir que las mayorías trabajadoras de nuestros países se aprietan más aún el cinturón. *

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