La esquizofrénica estrategia de desarrollo industrial

Escribe José Balbo

«La Cámara de Industrias del Uruguay cree que es necesario emprender un proceso de fortalecimiento de la capacidad competitiva de la economía uruguaya y particularmente de la industria manufacturera (…).

Se entiende necesario avanzar hacia una visión común de una estrategia industrial, a través de un trabajo conjunto que integre a los diversos actores involucrados.

Las tendencias a nivel internacional están cambiando el entorno en que se mueven las empresas (…) Se da una valoración creciente de la estabilidad, lo que implica (…) atender con mayor intensidad aspectos sociales.

La gestión, el conocimiento aplicado y la calidad son claves. Esto implica la revalorización del capital humano en la empresa, lo que está vinculado a la innovación permanente, la calidad, la inversión en capacitación (como actividad permanente) y el manejo de la información (…). En general, se observa que (…) los avances tecnológicos van modificando los perfiles de los puestos de trabajo.

Todos estos aspectos plantean el tema del trabajo (incluido el desempleo y cómo combatirlo) y el desarrollo de nuevas habilidades como un tema central para las sociedades en el futuro cercano.

Esto requiere que las reformas que se ejecuten tengan cierto grado mínimo de consenso. Lo que incluye mantenimiento de un entorno competitivo, nivel educativo adecuado de la población, cierto grado de cohesión social.

Las ventajas competitivas no se originarán en la capital físico ni en la mano de obra no calificada (…) Implica privilegiar la aplicación de capital humano en el proceso de ajuste».

Puede parecer aburrido comentar este breve extracto de una reciente publicación de la Cámara de Industrias del Uruguay, para constatar que la práctica de esta institución es absolutamente contraria a los preceptos que anteceden. Nos arriesgaremos.

1. En primer lugar, los representantes empresariales en la Junta Nacional de Empleo, junto al ministro interino, señor Luis Brezzo, le asestaron un golpe brutal al organismo que lleva adelante la única política activa de empleo en nuestro país. Tirando por tierra largos años de construcción de «un trabajo conjunto que integra a los diversos actores involucrados».

Afirmamos esto, porque al respaldar la arbitraria decisión del señor Brezzo de suspender las contrataciones de cursos por parte de la Junae, destruyen dos tradiciones del organismo en esta época: el diálogo social y la responsable continuidad de las acciones.

2. En segundo lugar, porque el bajo involucramiento del sector empresarial en la Junae cuya «frutilla» es el acompañamiento a la medida ministerial de enero pasado, está denotando un alto grado de incomprensión del sector, en lo referente a la importancia de la «inversión en capacitación» en el mundo de hoy. Nos muestra, además con particular crudeza que en realidad no es tal «la revalorización del capital humano en la empresa» que pregonan, en la medida de la escasa utilización que han realizado del programa de reconversión de la Junae para trabajadores en actividad.

3. En tercer lugar, el desprecio por los «aspectos sociales» y el desinterés por mantener «cierto grado de cohesión social», se manifiesta claramente al proponer eliminar todos los programas de la Junae que están dirigidos a poblaciones con dificultades de empleo, manteniendo solamente (y parcialmente) el programa para trabajadores en el seguro de paro. Nos referimos a importantes programas de la Junta Nacional de Empleo que implican un aporte concreto y efectivo para la capacitación y la inserción laboral de más de 1.000 jóvenes de bajos ingresos por año, al apoyo a cerca de 500 personas con discapacidad para que vuelvan a insertarse laboralmente, a que asalariados y pequeños productores rurales puedan acceder a cursos de capacitación, al igual que mujeres de bajos ingresos.

4. En los últimos cinco años, en el país se construyó (no sin dificultades) un programa nacional de reconversión laboral que involucra a más de 46.000 personas con dificultades en el empleo, siendo un medio para tratar de mantener niveles de cohesión social y una herramienta para luchar frontalmente contra la exclusión social, esto puede chocar con la incomprensión de algunos y con la decidida oposición de otros, lo cual no es novedad.

Lo que resulta una píldora difícil de tragar, es el doble discurso empresarial: en sus publicaciones pregonan la importancia del consenso, del capital humano, de la cohesión social y en la práctica desarrollan una lastimosa estrategia de intentar competir mediante la mera rebaja del costo laboral (en español: mano de obra barata).

5. No tengo dudas que desde el movimiento popular lograremos torcer esa lógica perversa impulsada por las cúpulas empresariales y por el anterior y actual equipo económico del gobierno, porque no está en discusión sólo la cantidad y la calidad del empleo de los trabajadores, sino la propia viabilidad del país en este agresivo mundo globalizado: la apuesta sigue siendo a la innovación tecnológica, a la formación continua (en los papeles y en los hechos), no hay otra.

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