Los "briefings"

NIKO SCHVARZ

 

Una noche de éstas vi por la CNN en inglés una nota titulada «Pentagon’s briefings» (los «briefings» del Pentágono). El general Richard Myers, jefe del Estado Mayor conjunto de las Fuerzas Armadas, declaraba que la guerra contra el terrorismo duraría años. Luego se decía que reinaba el optimismo en torno a la Alianza del Norte, cuyos destacamentos desfilaban con uniformes nuevos, donados por EEUU. Por último se informaba que los aeropuertos de Tadjikistán podían servir de base a los bombardeos («strikes», golpes) contra Afganistán, todo ello en el marco de la gira de Donald Rumsfeld por Rusia, Tadjikistán, Uzbekistán, Pakistán y la India.

El término «briefing» vibró en mi memoria y me retrotrajo a la Conferencia de Cancilleres Americanos de San Rafael, en enero de 1962. El vocablo tiene una connotación militar y significa instrucciones u órdenes.

En agosto de 1961 Punta del Este había sido sede de la reunión del CIES en que el Che enfrentó al secretario del Tesoro Douglas Dillon y criticó la Alianza para el Progreso, lanzada por el presidente Kennedy después que la invasión de Playa Girón, en abril, fuera liquidada en 72 horas. En San Rafael, Cuba, estuvo representada por Osvaldo Dorticós. El canciller uruguayo era Homero Martínez Montero.

El objetivo de EEUU era expuslar a Cuba del sistema interamericano. Pero el secretario de Estado Dean Rusk tropezó con dificultades insospechadas para una reunión de la OEA. El organismo contaba entonces con 21 miembros, y para excomulgar a Cuba se requerían 2/3 o sea 14 votos, que no aparecían por ningún lado. Brasil, representado por Santiago Dantas (el presidente era João Goulart), no votaba. En la delegación chilena estaba Eduardo Frei padre, presidente del Senado. Después de muchos ajetreos, a lo sumo se llegaba a 13 votos. Faltaba uno.

La conferencia entró en un impasse. Se arrastraba en el marasmo y comenzó a hablarse de su fracaso. Las delegaciones organizaban cocteles para ir pasando el rato. En uno de éstos, a invitación de los peruanos, me encontré con un colega, quien después me contó lo sucedido en un «briefing» (apareció la palabreja) ofrecido esa mañana por la delegación norteamericana a un grupo seleccionado de periodistas locales.

Los funcionarios del State Department, preocupados por el giro asumido por la conferencia, insistieron en que de ninguna manera debía hablarse de fracaso. Todo lo contrario. Recomendaron publicar que la reunión se encaminaba raudamente a un éxito total, superando los escollos. Incluso se permitieron indicar los titulares de primera plana. Esa noche yo envié por ONDA mi crónica para El Popular, en la cual anticipaba la titulación de tapa de El País de ese mismo día. Y acerté.

A esa altura, los yankis ya le habían dado con el precio al delegado de Haití, que conformó el voto Nº 14 gracias a la donación de un buque de guerra y un hospital para el gran demócrata Papá Doc Duvalier, más un cheque para el delegado renuente.

La historia viene a cuento por los «briefings» que el Pentágono le está dictando a los medios de comunicación norteamericanos. Todos ellos, resignando sus valiosas tradiciones, se han doblegado a las imposiciones guerreras.

Esto ha quedado demostrado por LA REPUBLICA con los testimonios de Bob Woodward (nada menos) en reciente reunión de la SIP y en el Washington Post, del New York Times, de Los Angeles Times y del presidente de la CNN, Walter Isaacson, que llegó al extremo de marcar a texto expreso qué argumentos debían utilizarse para cumplir las exigencias del Pentágono, o sea: ignorar las vícitmas y las penurias de Afganistán, aceptar el sufrimiento de los civiles y decir que los talibanes los usan como escudos. Con lo cual se llega al colmo de la abyección y a justificar las masacres de civiles disfrazadas de «errores», como los perpetrados los días 9, 12, 16, 20, 22, 23, 26, 28 y 30 de octubre, en los 24 días de bombardeos ininterrumpidos de dicho mes a partir del día 7.

Los órganos de prensa yankis pasaron a constituir el gran pool de la mentira y la desinformación. Se elogian, se citan y se sostienen unos a otros, como los beodos. Son meros voceros del Pentágono, el cual tergiversa la realidad a su gusto. Es falso que el objetivo sea capturar a Bin Laden. La guerra puede extenderse a una zona vastísima e indeterminada, erizada de armas atómicas. Estados Unidos pretende dominar una riquísima región petrolera, aunque la guerra se estire por años para mayor gloria de las empresas armamentistas. Este es el revés de la trama de los «briefings» del Pentágono, un auténtico método de guerra psicológica. *

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