El IVA y Perogrullo
Existe una cifra elemental que se extrae sin mucha dificultad de la información brindada por el gobierno sobre su proyecto de modificaciones en el IVA que hasta Perogrullo es capaz de desentrañar. Parece claro con el IVA proyectado, el cambio en su tributación y la sustitución por el mismo de imposiciones existentes (Imesi en algunos casos y Cofis en otros), es evidente que la recaudación no sólo se mantendrá sino que, además, se incrementará.
Por otra parte, como el IVA es un impuesto indirecto, por lo tanto injusto pues castiga tanto a Montescos como a Capuletos, parece improcedente sostener –como hacen Bensión y sus ayudantes– que el resultado de la aplicación del gravamen con las modificaciones propuestas tendrá un resultado neutro sobre la sociedad. Es una grave afirmación, pues si el IVA modifica sus niveles de imposición de acuerdo a parámetros ideados con la orientación de siempre, el resultado para nada será neutro y los uruguayos nos veremos agredidos por un nuevo nivel de imposición que se distribuirá, eso sí, de forma distinta.
Recordemos que el proyecto del Poder Ejecutivo impone una tasa importante para algunos elementos anteriormente no gravados, como el transporte colectivo, las frutas, verduras y hortalizas y, con carácter de progresividad, a la salud. ¿Cuánto se recaudará por estos rubros? ¿Cómo incidirán estas imposiciones en los flacos bolsillos de los sectores que todavía pueden pagar impuestos?
Queda claro que los que están hoy excluidos de la economía, viviendo en una insoportable marginación, seguirán sufriendo las contingencias que les asignó el modelo. Su capacidad impositiva es nula y seguirá siendo nula. Lo único que ocurrirá es, como señalara un senador, que variará la composición de los alimentos que consumen, pues dejarán de comprar frutas, verduras y hortalizas, pasándose a los fideos, la harina y la sal que serán exonerados del gravamen.
Entonces es de Perogrullo entender –ya que lo citamos y es bueno hacerlo nuevamente– que todo este proyecto del nuevo IVA, pese a que se reducen algunos puntos en una cantidad de productos y servicios, se hace desaparecer el Imesi en algunos casos y se mata –uno de los impuestos de más efímera vida– al improcedente e ineficaz Cofis, está destinado a sumarse al grupo de medidas adoptadas por este equipo económico, tan perjudiciales para la población como inútiles para reactivar nuestra economía.
Entonces, ¿por qué el presidente Jorge Batlle liga al nuevo IVA a la reducción del costo país? ¿Por qué sostiene que si el Parlamento dice que no, nadie «me va a decir que hay que bajar el costo país»? Lo hace sabiendo que la imposición sobre el conjunto de la economía será mayor a la que se sufre hasta el momento y, además, es más que dudoso otro punto: que se logre una mejor recaudación.
Por supuesto que no discutimos –lo decimos para que nos comprendan bien– que una rebaja de este impuesto indirecto, hecha con corrección técnica, puede ser beneficiosa para la economía. Sin embargo como siempre ha ocurrido con este gobierno, aparece claro que la orientación de este proyecto y sus incongruencias, determinarán otro efecto negativo: todos los uruguayos que todavía algo consumimos, en conjunto, aportaremos más pesos a un Estado que en lugar de intentar reducir su ineficiencia hace lo contrario.
El mismo camino de siempre. *
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