Eugenio Bentaberry, el gran ‘Vasco’ de la historia sindical

AURELIO PICCONE

 

En la tarde del domingo 11 de noviembre pasado, la vida del más enorme dirigente sindical de toda la historia de AUTE nos dejaba físicamente: una larga y empecinada enfermedad había logrado que la indomable fuerza del «vasco» fuera vencida. El local de su vieja y querida AUTE lo recibió, y fue la primera vez que se realizaba en esa casa un velorio.

Sus padecimientos se puede decir que comenzaron en manos de los torturadores de la dictadura.

Pero en el exilio y cuando las cosas eran más difíciles, él luchaba con más fuerza, siempre junto a su querida compañera de toda la vida. Fue una vida ejemplar, sin ninguna claudicación ni en las buenas, que no fueron muchas, ni en las malas que sí fueron muchas, pero que marcaron un derrotero que nada ni nadie pudo detener.

Lo recuerdo en los duros años de la clandestinidad, ya sea esperando contactos, ya sea acompañando con su vieja motoneta a los compañeros para cumplir tareas militantes, algunas sumamente difíciles, algunas matizadas con recordadas anécdotas, que comenzaban trágicamente y terminaban risueñas, pues la vida de los grandes luchadores está matizada con las más disímiles circunstancias.

Se dice que hoy día habría una escasez de dirigentes sindicales; si se repasara la historia del «vasco» Bentaberry se encontrarían las soluciones de la ansiada «Unidad», tan necesaria para todos los trabajadores. Su palabra serena, crítica, dura, práctica, nos lleva por el camino de las soluciones.

Nos conocimos en aquellos grandes «Congresos de Delegados» que se hacían en el viejo salón de actos de la calle Agraciada allá por los años 60. En esa misma casa que actualmente sigue ocupando AUTE, congresos a los que concurrían todos los trabajadores, «barras» de compañeros que cuidaban las intervenciones de sus elegidos, partícipe directo del primer paro con cortes de servicios del «12 de agosto de 1959″, de la huelga de «febrero-marzo de 1963″, cuando llenamos el Palacio Peñarol y con compañeros en la calle y durmiendo de noche en las escalinatas del Palacio y en los trágicos «cinco días del 69″. Antes del año 1949 en Agraciada 2463, en ese local que hoy día es AUTE, estaba el sindicato del SOIMA, tiempos de las construcciones de los antiguos «carruajes», y allí también estaba el «vasco» Bentaberry antes de que se construyera el Palacio de la Luz.

La Central Batlle lo recibió en la UTE, y continuó luchando por la causa de los trabajadores, guía permanente que tenía la influencia de su rectitud, tiempos en los que no había «celulares», ni coches «alquilados», en los duros días del 69´ cuando ni siquiera había para comer, ni para viajar en ómnibus, las noches nos cobijaban en el interior, esperando la vieja ONDA sentados en las plazas de las ciudades ya fuera verano o invierno.

Una vez en Mercedes, y después de la Asamblea, al «Vasco» lo agarró el día en un viejo depósito de UTE discutiendo y conversando con los trabajadores, horas explicando los caminos que había que seguir, y aprendiendo de los propios trabajadores; ellos son los que más saben y los que más siguen sabiendo, cosas a tener en cuenta, de otra manera no vamos a ninguna parte y suceder así no tiene gloria.

Y el «Vasco» no buscó la gloria, buscó las soluciones para los obreros siempre recorriendo la rectitud de todos sus actos.

Caprichoso con razón, cuado volvió del exilio, antes de salir de Suecia, le envió una carta al Comando del Ejército para que le devolvieran las cosas que le habían robado, incluso su motoneta, que nunca volvió, otras se las pagaron con «vintenes».

Pero lo primero que hizo cuando llegó al Uruguay, fue venir directamente al local de AUTE, recuerdo la admiración que tenían los jóvenes militantes a los que les resultaba imposible ver y estar con un dirigente del que se habían contado tantas cosas, y era de verdad y estaba ahí, apretado por los abrazos de los viejos compañeros.

Y siguió luchando, él que había sido el último presidente de AUTE cuando la dictadura, fue el primer presidente del Sector de Jubilados y volvió a ser delegado en los Congresos, criticó muchas cosas, obligó y exigió la transparente conducción de AUTE, remarcó los errores y de él fue la idea de implementar el beneficio de los 200 kilovatios para los ex funcionarios de UTE, y también impulsó esa extensión para las viudas de ellos. El Sector de Jubilados también consiguió la atención en el Servicio Médico de UTE, cuando le planteamos, ya enfermo, que fuera a realizarse un chequeo. En principio se negó, nos decía que él no podía ser el primero, lo llevamos igual, así era el «Vasco» Bentaberry, y lo seguirá siendo, porque te fuiste físicamente pero seguirás presente: tus palabras seguirán estando presentes, tus ejemplos seguirán presentes.

De aquel compañero que se llamaba Eugenio Bentaberry, no desaparecerá el nombre, al contrario, cada día estará más con todos nosotros, con los que tuvimos la suerte de andar por la vida juntos, y de la necesidad, de la obligación que tienen los actuales dirigentes de seguir sus ideales, no se pueden obviar las palabras justas, las acciones medidas de un intachable pensador y militante ejemplar.

El fin del pasado año, logramos llevarlo a AUTE y de ahí salió la última foto de esa enorme figura, estuvo feliz, y todos estuvimos felices.

Alguien dijo que la desaparición física no empaña una vida tan inmensamente grande, su guía será y tiene que ser permanente. Del «Vasco» Bentaberry todos nos acordaremos: fue y seguirá siendo imborrable. *

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