Daños colaterales
CARLOS BOUZAS
El título coincide con el eufemismo que utilizan las informaciones de la guerra que desarrollan actualmente los Estados Unidos e Inglaterra en tierra afgana, persiguiendo a Bin Laden, cada vez que bombardean un depósito de comida de la Cruz Roja, o despanzurran un hospital.
Pero mi propósito es otro; aunque también tiene que ver con los lodos que han traído los polvos que envolvieron Nueva York cuando se desplomaron las Torres Gemelas.
De acuerdo con una información de prensa, se está abriendo un debate en la sociedad norteamericana que puede resumirse en si es legítimo recurrir a la tortura para arrancar información a los sospechosos de actividades terroristas.
Usted y yo sabemos –recientes declaraciones realizadas por el coronel (r) Manuel Cordero en nuestro país, lo confirman– que la respuesta de la derecha recalcitrante a esa duda es un SI muy fuerte y con mayúscula. El FBI ha sugerido que los sospechosos de terrorismo que se niegan a confesar, puedan ser extraditados a un país amigo, más o menos dictatorial, cuya policía pudiera interrogarlos, utilizando «métodos contundentes».
Hasta allí, todo previsible. Pero lo que usted ni yo esperábamos (quizás por ilusos) es que antiguos y famosos defensores de los derechos humanos en los Estados Unidos, también están contestando afirmativamente, aunque con distintos grados de vergüenza y/o cinismo. Veamos:
1.- El señor Alan Dershowitz considerado campeón en la defensa de las libertades civiles, ha sugerido que «resultaría más honesto autorizar interrogatorios duros» al FBI bajo la supervisión de un juez, o usar el pentotal sódico.
2.- El historiador Jay Winik, desde el Wall Street Journal, ha indicado que «durante la guerra, algunas libertades y garantías civiles» deberían, ser forzosamente reducidas.
3.- Jonathan Alter, columnista de Newsweek, aclara que no defiende el uso de porras de goma, aunque si «sólo algo que permita impulsar la investigación paralizada».
4.- Tucker Carlson, comentarista de CNN, afirmó que «la tortura es mala. Pero piensen que algunas cosas son peores. Y bajo ciertas circunstancias, la tortura puede ser un mal menor».
5.- Steve Chapman, desde el Chicago Tribune, oponiéndose a la tortura, se pregunta sin embargo: «¿Y si algún día la policía tiene que intentar salvar Nueva York de una explosión nuclear? En ese caso confío en que harán lo que deban hacer y en que serán perdonados».
6.- Distintos medios de prensa ilustran respecto del ejemplo de Israel, donde las leyes permiten «una presión moderada», consistente en privación del sueño, duchas heladas y golpes que no pongan en peligro la vida.
Creo que todos estos ejemplos ponen de manifiesto las dificultades que enfrentan en estos momentos, los derechos humanos para continuar vigentes, en un clima de histeria. Porque todos los avances de la humanidad –al igual que la ola marina– tienen un motor que camina p’alante, y otro que camina p’atrás, según sean las circunstancias.
En ese ambiente enrarecido, considero un avance importante que una nutrida delegación de militares uruguayos de las tres armas haya participado –respondiendo a la invitación del ministro de Defensa Nacional– en el seminario «Midiendo el progreso en el respeto por los derechos humanos» que se realizó en Montevideo hace dos semanas, junto a representantes de las fuerzas armadas de todo el continente americano.
Sobre todo porque las conclusiones de dicho seminario señalan, entre otras consideraciones, que se deben «eliminar violaciones de los derechos humanos por miembros de las fuerzas militares y de seguridad y crear cero tolerancia por parte de estas instituciones en casos de violaciones que sus miembros pudiesen cometer»
Entre tanta pálida… ¿Qué le parece? *
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