El ántrax y el petróleo

Convencional del Partido Nacional

La tontería en política –al decir de Haedo– no es admisible. Se nos sigue por parte del imperio, mostrándonos a don Osama y sus talibán, como enemigos terribles de EEUU.

Según se nos cuenta por parte de su prensa grande, los afganos son capaces de sacudir los cimientos mismos de una potencia económica militar como EEUU, la más poderosa del orbe.

Despacito y por las piedras.

Seamos lógicos. Para enfrentar a EEUU, se supone que los talibán, un pueblo en estado casi miserable, dicho con respeto, que ha sufrido sucesivas guerras y desastres, debe de contar con fábricas de armamentos importantes o acceso a los mismos dentro de un radio razonable próximo a sus fronteras, como para reponer ese material con eficacia necesaria ante una guerra de esa magnitud.

Obviamente con más razón, para tener stock de bichitos bacteriológicos suficientes como para repartirlos como chicles, a todo el mundo.

También supone grandes y sofisticados laboratorios con técnicos y científicos de alta especialidad que se me ocurre hasta por «simple vista» de sus devastadas ciudades y su desarrollo histórico cultural modesto jamás lo han tenido ni lo tienen.

Se me puede argumentar que don Osama puede haber comprado algunas remesas de bacterias suficientes en algún «almacén» cercano y estoquearlos como si fuera arroz o yerba.

Si fuese así, la pregunta se cae por su peso: ¿Dónde los compró o consiguió? Lo mismo se dijo de Saddam e Irak.

Lo revisaron en diversas ocasiones hasta debajo de las camas y no encontraron ni una polilla.

En buen romance, los fabricantes de esos terribles «bichitos» son las grandes potencias que tienen los medios y la tecnología.

Particularmente los yanquis. O sea, suena absurdo por sentido común, que don Osama y su socio el Omar, no hubieran previsto por más fundamentalistas fanáticos que sean, que no pueden aguantar una guerra ni larga ni corta con una potencia como EEUU.

El armamento que les dejaron los yanquis en su guerra contra los rusos, que por otra parte no es precisamente de útima generación tecnológica como se precisa para esos menesteres bélicos, se agota rápidamente y hay que reponerlo.

Y los bichitos del ántrax al por mayor, como se nos cuenta, son repartidos por correo, hay que también suministrarlos en cantidades industriales.

El mismo petróleo que sí lo tienen, hay que refinarlo para convertirlo en nafta para aviones, tanques y afines. Carecen de refinerías.

O sea, don Osama y el Omar pueden tal vez ayudados dudosamente por el invierno afgano (hoy día con la tecnología moderna ese problema no es el mismo que sufrió Napoleón o los propios alemanes más recientemente en Rusia) aguantar un «tiempito».

Pero si EEUU se lo propone y quiere, los arrasa como si fuera una topadora aunque se metan como las hormigas debajo de tierra.

Lo del principio. Vamos a no ser idiotas y no creernos ningún «verso».

EEUU necesita una guerra justificadora del petróleo que deben apoderarse para sus «necesidades» futuras. Las reservas de oro negro, según datos públicos conocidos, se agotarían en 20 años.

Los oleoductos del Cáucaso pasan necesariamente por Afganistán por ser el camino más corto y directo de salida al mar.

Es lógico entonces el interés «espiritual» de los yanquis. No pueden permitir que los talibán, don Osama, el Omar y sus árabes sean obstáculo que impidan el logro de tan noble causa como lo será en el futuro «fagocitarse» el petróleo del Islam.

Lo cual vuelve a replantear, alguna vez lo dijimos, el argumento viejo que todo el problema puede provenir de «adentro» de los EEUU.

Como se sostuvo en alguna ocasión el episodio de Pearl Harbor (aparentemente ‘entregado’) fue para justificar entrar en la guerra.

Ahora habría que justificar entrar en otra.

¿Qué puede importar a los grandes intereses del imperio y sus poderes un par de torres reponibles en poco tiempo por grandes que sean y cuatro o cinco mil cristianos que allí murieron cuando ellos mismos han asesinado millones de víctimas humanas a lo largo de su triste y canallesca historia, ejemplo Hiroshima y Nagasaki, Kosovo, la guerra del golfo, los bombardeos a Kadafi o los arrasamientos en nuestra América, Guatemala, Granada, Nicaragua, Colombia, Haití, Perú, Bahía de Cochinos, etc.?

El petróleo es mucho más importante y gravitante que algunos miles de seres humanos sacrificados.

Es la razón. Todo lo demás, al decir de aquel filósofo que fue Discépolo, «es puro cuento». *

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