PROYECTO SOBRE EL NUEVO IVA

Incógnita para desalentados

Tratar de desentrañar los criterios manejados por los técnicos del Ministerio de Economía y Finanzas para la modificación de los montos del Impuesto al Valor Agregado (IVA), es una tarea bastante difícil. En una especie de alquimia económica –imaginamos– estos fueron proponiendo distintos parámetros, colocando bienes a gravar (hasta en 19 puntos enteros, otro en 4 ), otros a desgravar en 4 puntos y/o compensar en otros la baja o desaparición del Imesi con este impuesto que las empresas con RUC vigente pueden descontar. También están los que se les aumentará el Imesi por la reducción del IVA. Es claro que las cartas se jugaron una y otra vez para que el resultado final (la recaudación) fuera el mismo.

Cuando escribimos la presente nota no podríamos decir cuál será la incidencia sobre la economía uruguaya de estas difíciles elucubraciones que debieron determinar una espesa humareda –por tanta materia gris recalentada– que saldría por las ventanas del edificio de Colonia y Paraguay.

Por supuesto, en términos generales, el resultado final de tanto esfuerzo fue este proyecto que, obviamente, aliviará la carga impositiva en algunos sectores, que para otros no significará absolutamente nada, y otros (como es lo habitual en nuestro país) se verán perjudicados.

Claro, a los esforzados economistas comandados por el ministro Alberto Bensión, no se les ocurrió –no podía ser de otra manera– estudiar qué significa y qué incidencia tiene el IVA, por tratarse de un impuesto indirecto sobre la sociedad uruguaya. Todos los impuestos indirectos son intrínsecamente injustos porque recaen y se multiplican, como en este caso, sin atender las condiciones sociales, el uso que se le da a un bien, o la capacidad contributiva.

Pero –como en el «consenso de Washington» no se manejó– de esas cabezas no surgió ninguna nueva idea tendiente a intentar reforma progresista que haga más justo el peso impositivo. El gobierno prefiere impulsar este proyecto que dejará relativamente inalterable la recaudación, reducirá el peso que recae sobre algunos sectores e intentará hacer que la carga pese más sobre otros, intentando que el resultado final sea el mismo.

Claro, la chamusquina ideológica de algunos que sólo leyeron los libros de algunos autores, les lleva a desconocer que una presión tributaria intolerable multiplica la evasión.

Podríamos manejar algunos ejemplos, como el IVA que se proyecta a los productos hortícolas, hasta hoy exonerados del impuesto, que pasarían a tributar el 19 por ciento. En ese caso también está el transporte de pasajeros, los intereses de los créditos sociales del BROU, el de cooperativas de ahorro y crédito, los servicios de salud (en este caso el gravamen se aplicaría de manera escalonada) Obviamente estas medidas afectarán decisivamente a los sectores populares. Sin embargo su dieta podrá ahora trasladarse de una base de verduras y frutas, al pan blanco común y a las galletas, a las pastas y fideos, arroz, azúcar, sal y yerba, que serán exonerados del gravamen.

Desde la otra punta vemos, por ejemplo, que se le rebaja el Imesi y se le incrementa en forma compensada el IVA, al tabaco, cigarros y cigarrillos. ¿Y esto para qué? ¿Para que esas empresas puedan descontar el IVA?

El ministro Bensión deberá despejar muchas incógnitas, explicar detalles, algunos de una inusitada gravedad, de este proyecto que ahora pasará a estar en manos de los legisladores para su consideración.

Esperemos que el trámite parlamentario sea esclarecedor, porque en esta especie de «timba» económica, plagada de vericuetos y evidentes improvisaciones, todavía hay muchas cosas oscuras y otras que aparecen (con meridiana claridad) como negativas. *

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