¿Qué orientación debe tener una política de industria?

Durante los últimos años, el Parlamento ha tratado leyes referentes a la defensa del consumidor, defensa de la competencia y normas concursales.

Una conclusión común a las tres, es que proyectan hacia el futuro, una sociedad basada filosóficamente en los mismos valores imperantes en la actualidad, lo que si bien mejora carencias o deficiencias existentes, adecua la organización social, a lo que debió haber sido, pero, como las leyes no son para ayer, sino para mañana, perpetúan con ello un desfasaje si lo comparamos con los países más adelantados.

Un claro ejemplo de esto es que se le asigna un rol central al mercado, cuando en realidad sabemos que es parcialmente impredecible, manipulable y en definitiva no es confiable.

Si por el contrario, atendiésemos las corrientes que más han avanzado a nivel mundial hacia el objetivo de mejorar la calidad de vida, encontraremos que nuestros defectos tienen solución en el exterior.

Otra equivocación es suponer que la competencia soluciona la carencia de información que el consumidor tiene acerca de un producto o servicio, o que los precios se fijan por la competencia.

Desde el punto de vista filosófico es muy valioso el aporte que el genial psicólogo social Erich Fromm, hace en un ensayo llamado: «La alineación en el capitalismo».

Comienza para ello desarrollando el concepto de idolatría. Se refiere al antagonismo narrado en el Antiguo Testamento entre monoteístas y politeístas. Estos últimos eran atacados por los profetas por crear ídolos, a los que cargaban de virtudes humanas que luego veneraban. «El hombre gasta su energía y dotes artísticos en construir un ídolo que luego adora. No lo experimenta como el resultado de su propio esfuerzo productivo, sino como algo separado de sí mismo, por encima y en contra de sí, al cual adora y se somete».

(El capitalismo) «se basa en el principio de que si cada uno lucha por sí mismo, sobrevendrá el bien común; el resultado será el orden, no la anarquía. Por supuesto hay leyes económicas que gobiernan el mercado pero estas leyes operan a espaldas del individuo actuante, quien sólo se ocupa de sus intereses privados. Podemos tratar de adivinar estas leyes del mercado como un calvinista de Ginebra trataba de adivinar si Dios lo había predestinado o no a la salvación. Pero las leyes del mercado, como la voluntad de Dios están fuera del alcance de nuestra voluntad e influencia».

La ley de defensa de la competencia plantea explícitamente que el Uruguay está inmerso en una economía de mercado. A este concepto cabe hacerle varias objeciones: por un lado, la propia definición, y por otro compararla con nuestra realidad.

En una economía de mercado ideal el poder económico debe estar separado del poder político. Las empresas que compiten por una misma demanda deben tener igual acceso al crédito, a la información, a los medios de comunicación. Deben estar obligados a afrontar sus compromisos y cumplirlos en equidad de condiciones.

La realidad, es que si estos postulados no se cumplen, si la línea de largada es un garabato y no una recta, la competencia no va a ser honesta y por lo tanto tampoco confiable. Eticamente un militante político (de cualquier partido) no debe encauzar la sociedad en la que vive a alienarse sino que debe evitar que ocurra.

En lo inmediato, si quisiéramos mejorar nuestra calidad de vida, deberíamos definir qué clase de vínculo mercantil nos sirve. Hay quienes plantean la cuestión Estado-mercado.

En mi opinión la ecuación es más completa si se incluyen las gremiales y las ONGs. Es decir sociedad-mercado. Cuando cerró Cristalerías del Uruguay implicó un perjuicio mucho más amplio que el de los directamente empleados. Tuvo también efectos sobre la balanza comercial ya que hubo que importar las botellas, pagándolas al doble. Al mismo tiempo se dejó de reciclar vidrios en esos volúmenes, generando un efecto de orden ecológico.

El capítulo Normas Concursales de la Ley 17.292, no se detiene a considerar las consecuencias sociales, ecológicas, ni macroeconómicas. Por el contrario, el criterio que evidencia es que el problema termina en el propio borde del libro de contabilidad. Mis conclusiones sobre estos temas son:

a) Al subdesarrollo nuestro lo producimos nosotros mismos, en mayor medida aquellos, que más responsabilidad política tienen. Consideremos que las causas internas son más fáciles de superar, que las externas.

b) Carecen de un concepto fundamental; la empresa debe considerarse como una célula de desarrollo económico, técnico, social y ecológico.

c) El sistema parlamentario actual es lento e ineficiente, sin embargo ningún partido político habla de reformarlo ¿es que no se dieron cuenta? *

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