CARLOS SANTIAGO
Hace algún tiempo, cuando el presidente Bush recién habÃa asumido su mandato, un informante vinculado a niveles de decisión internacionales nos pintó un panorama sombrÃo.
El hombre nos decÃa en aquel momento que primero se tratarÃa de controlar a los paÃses del Oriente, con Afganistán como centro y, por ese camino, establecer luego un dominio global de la zona con el objetivo de imponer su control sobre la riqueza más perimible del planeta: el petróleo. Luego se seguirÃa adelante con el plan, enfrentando la resistencia de muchos pueblos y paÃses del mundo a la agenda neoliberal.
El comentario de este informante lo tomamos en ese momento a la ligera, como si aquello fuera otra versión de una derecha interesada en crear temores y, a través de ello, comenzar a establecer a través del terror una estrategia en nuestro paÃs para evitar el crecimiento del Encuentro Progresista  Frente Amplio y su triunfo electoral.
Sin embargo no sólo se inició la guerra contra Afganistán –como se nos dijo–, la que, seguramente, seguirá con la “desestabilización” de los paÃses petroleros que lo rodean, sino que además comenzó –no en el ámbito de las sutilezas– un claro cercenamiento de los derechos civiles, ello también a nivel global.
¿Para qué? Para cambiar de signo la resistencia en todo el mundo a esa llamada agenda neoliberal, un término adornado para designar al imperialismo impositor de la deuda y, obviamente, del pago de sus intereses. “Mientras esa deuda y la amenaza de sanciones ha sido utilizada para coaccionar a las naciones de la periferia, hay que comprender que el garante final del cumplimiento es la acción militar”, señala el comentarista Stan Goff. La barbárica agresión terrorista de los pilotos suicidas del 11 de setiembre –si la versión tiene sustento en la realidad– vino como anillo al dedo para detonar un plan que llevarÃa varios años en agenda, mostrando además a Osama bin Laden como un muñeco de playgame, contra el que toda maldad es justificable.
Para una agenda económica global siempre hay la correspondiente agenda polÃtica y militar. El punto de mira de estas acciones a corto plazo es el Sur de Asia pero ya estarÃa escrito el guión como si se tratara de una lucha mundial y prolongada contra el terrorismo. Además se dio “luz verde para empezar a construir un escenario a largo plazo en el que establecer medidas de control fascistas, en el interior y en el exterior, a modo de una ciudadela para la clase dirigente con vistas a la coyuntura catastrófica en la que estamos entrando debido al agotamiento del petróleo”.
Según el comentarista Goff, el proceso de agotamiento de los combustibles no renovables comenzará a sentirse en menos de 20 años, cambiando esto al mundo mismo, a las caracterÃsticas de la convivencia y, con ello, el significado y las formas del poder. Los paÃses que están ahora en posesión de la mitad de las reservas de petróleo, están (o serán) sometidos a desestabilización, por lo cual no podemos siquiera predecir las consecuencias excepto que la pérdida de acceso a suministros cruciales de energÃa cae dentro de lo posible
Este significativo hecho, que cambiará la vida del ser humano, parece estar está siendo deliberadamente ignorado. Además, en los hechos, la represión interna ya ha comenzado, oficialmente y oficiosamente. (Veamos el caso del economista Freddy Lima, que nos toca tan de cerca) Para ello hay que ver también lo que está ocurriendo en cada aeropuerto, en cada estación ferroviaria, en las calles, con una represión de estilo racista, en que basta usar barba o hacer una broma para ser encarcelado.
Aquà en Uruguay, en los últimos dÃas, se ha reunido una especie de pull de “inteligencia”, con el fin de coordinar acciones contra el llamado terrorismo. Por ahora –sólo aparece el contenido racista– se actuará con los ciudadanos del Medio Oriente o de Asia Central, que parecerÃa viven en la Ciudad del Este, en Paraguay.
Bastará vestir distinto, usar barbas, ser musulmán y concurrir a mezquitas, para ser vigilado, cuando no detenido, encarcelado y eventualmente deportado. ¿A dónde? Lo más parecido a esta coordinación de “inteligencia” –salvando las distancias por el signo de los gobiernos– fue el trágico “Plan Cóndor”.
ParecerÃa –de confirmarse la versión de nuestro informante–que los “dueños del mundo” (¿EEUU o el Grupo de los 8?) están comenzando a rebelarse en contra de una realidad que les está siendo adversa.
Hay una amenaza real, entonces, de aumento del fascismo y el fenómeno requiere, al igual que durante la guerra frÃa, enemigos domésticos. “Históricamente, esos enemigos –dice Goff– han incluido a izquierdistas, sindicalistas y a sectores oprimidos por su raza o nacionalidad. Esta mentalidad de “estado de emergencia” ya está siendo utilizada para acallar los discursos públicos antirracistas, feministas, medioambientalistas, socialistas y anarquistas”, agrega refiriéndose a EEUU.
En nuestro paÃs, la estrategia iniciada por los seguidores del ex presidente Julio M. Sanguinetti ¿no tiene ese perfil?
Las imágenes estereotÃpicas han saturado los medios globalizados, y ya está comenzándose a instaurar abiertamente el perfil racial que se contagia –en el ámbito de las fuerzas de “inteligencia”– con más rapidez que el carbunclo.
En América Latina, cuando el fracaso de las concepciones neoliberales es más que evidente, lo que resta para el capital financiero que está detrás de todo, es terminar con las resistencias y hacerse de lo que queda de la soberanÃa de los paÃses.
Sin embargo, los movimientos populares están recuperando vigencia en muchos paÃses de nuestro continente. DifÃcilmente alguien podrÃa justificar una intervención en esta zona del mundo diciendo que no se sigue la lÃnea económica al no permitir la absoluta dominación de sus sociedades por las empresas transnacionales. Esto pondrÃa en peligro la agenda neoliberal.
Por ello, afirmarÃan que se está dando apoyo al terrorismo. *
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