La verdad muere en la guerra
Una nota de análisis publicada ayer jueves en el diario La Jornada de México, con la firma de Pierluigi Sullo, plantea con agudeza algunas de las tantas cuestiones que surgen a partir del tratamiento en los medios de comunicación de las noticias referidas a la guerra.
El analista dice que esperaba ver en los noticieros en las pasadas noches abundantes datos, consultas con expertos, encendidos debates, reportajes desde Estados Unidos y otros tipos de análisis «sobre la sorprendente noticia, revelada por Bob Woodward en The Washington Post, según la cual la CIA y el FBI consideran sospechosos de las cartas contaminadas con ántrax no a Osama bin Laden o, como se ha dicho repetidas veces en estos días, a Irak y Sadam Hussein, sino a grupos nazis estadounidenses, ‘arios’ o fundamentalistas cristianos».
Lo que vimos, concluye, fueron reportajes sobre Halloween, el acto de conmemoración sobre la matanza de las Torres Gemelas, lista de objetivos alcanzados en Afganistán y, de pasada, no más de diez segundos, la noticia en cuestión.
Se podría agregar que una información más exhaustiva de los siniestros episodios de los ataques con ántrax debería incluir las maniobras de las empresas farmacéuticas con relación a la venta de antibióticos y a la gestión del gobierno de Bush en relación con la defensa de los intereses de esas poderosas empresas.
La cuestión de la información es clave. Realizar un seguimiento de cómo los grandes medios jerarquizan o ensombrecen las aristas de hechos de gran impacto, es imprescindible para comprender algunos aspectos centrales de los problemas de la democracia hoy.
En ese cuadro vale la pena detenerse a examinar la reciente directiva enviada por la dirección de la cadena CNN a sus corresponsales indicando la forma en que deberían ser abordadas las informaciones que se difunden sobre la guerra.
El señor Walter Isaacson, presidente de la CNN, dirigió un memo a los periodistas de la cadena donde sostiene que «parece perverso concentrarse demasiado en las víctimas o las penurias en Afganistán… Tenemos que redoblar nuestros esfuerzos para no dar la sensación de que estamos informando desde la perspectiva de los talibán. Debemos decir que ellos están usando a los civiles como escudos y que les dan asilo a los terroristas responsables de matar a cinco mil estadounidenses. … Tenemos que explicarle a la gente que el sufrimiento de civiles en la zona manejada por los talibán debe entenderse en el marco de un ataque terrorista que causó un enorme sufrimiento en Estados Unidos».
Los dos aspectos que hemos recogido deberían examinarse con serenidad. Que una falsa información que se ha brindado de manera tan insistente (el origen islámico de la monstruosa campaña del ántrax) no se rectifique con la suficiente profundidad y detalles muestra hasta qué punto se puede llegar en materia de manipulación de la opinión pública.
Al mismo tiempo, transformar la agencia noticiosa que difunde imágenes desde el escenario de la guerra en un medio de propaganda en defensa de los intereses inmediatos de la campaña militar desatada por el gobierno del señor George Bush, es también un salto cualitativo que merece destacarse.
La persistencia de este rumbo en la sociedad norteamericana nos pondría ante la dolorosa realidad de una sociedad que se aparta vertiginosamente de rasgos que han sido esenciales en su imagen externa: la falta de transparencia sobre los hechos y el estrechamiento de los espacios para la crítica, la adecuación de la información que se brinda a la sociedad a los intereses del grupo gobernante son un salto atrás grave que es de esperar no se consolide. *
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