Bensión y el "default" argentino
El «riesgo país», esa medida que mucha gente no entiende, superó ayer en la Argentina los 2.150 puntos, lo que significa que el país vecino tiene cerrados, por la vía de los hechos, los caminos al crédito privado. Además, si lo obtuviera, debería pagar de intereses –por el nivel de riesgo que se asigna a su economía– más de un 21% sobre los intereses usuales. Algo que es inalcanzable.
La situación obviamente es extrema, y la cesación de pagos (default) un hecho incontrastable, pese a las cada vez más menguadas ayudas que le brindan el FMI y los propios EEUU. Pero debemos señalar que la tendencia tanto del organismo internacional como de la Tesorería del país del norte, es dejar de «echar agua» en un barril sin fondo.
En Uruguay las consecuencias de esa especie de punto final argentino se han hecho sentir con un incremento de las tasas de interés que cobra el sistema financiero que, como consecuencia de una posible modificación de la convertibilidad argentina, se resguarda del riesgo de una devaluación que acompañe las medidas que anunciará el presidente De la Rúa.
Obviamente el nivel criollo de tasas de interés impedirá cualquier operación financiera, pues ninguna empresa en este país (tanto industrial, comercial, agropecuaria o de servicios) puede –en medio de esta crisis inédita– hacer frente a tasas del 45 por ciento. No existe ninguna actividad –ni siquiera la financiera– que posibilite utilidades de este monto. Por supuesto que tras las tasas de interés de los créditos para las empresas, también aumentaron las que se aplican al consumo que llegan, promedio, a casi el 60 por ciento para créditos a menos de doce meses.
Es claro, entonces, que a la crisis que vive el país, inédita en su profundidad, se suma ahora un nuevo incremento de las tasas de interés con las que la actividad financiera se cubre del cataclismo argentino.
Es bueno recordar en el marco de esta situación de parálisis las afirmaciones dichas (y reiteradas por el ministro de Economía Alberto Bensión) de que el camino emprendido por su colega Domingo Cavallo, era el correcto.
No nos molesta su equivocación desde el punto de vista teórico, lo que nos preocupa es su falta de visión para advertir lo que está ocurriendo frente a sus ojos. En alguna oportunidad dijimos que «por el camino de la pobreza se va al default» y, ahora, podemos afirmar que no nos hemos equivocado.
Argentina castigó a su pueblo de manera inaudita, con el fin de hacerle pagar a la gente un déficit fiscal que fue responsabilidad de quienes, con una frivolidad insólita, dejaron que campearan los corruptos. También vendió las empresas públicas del Estado, y las privadas importantes pasaron a manos del capital financiero internacional.
Aquí, el único resguardo que nos va quedando, son las empresas del Estado que, por obra y gracia de una decisión popular adoptada hace ya casi diez años, siguen en el patrimonio común de los uruguayos. Empresas que tienen defectos, como manejarse en el marco de mercados monopólicos, pero que aportan al erario centenares de millones de dólares. Ahora, la inestabilidad de Argentina, país que tocó fondo, inquieta a nuestra plaza y dispara los intereses. ¿Cuándo se dará cuenta el ministro de Economía de que la situación requiere comenzar a recorrer caminos nuevos?
Sacarle más plata a la gente es una misión imposible. E intentarlo será caminar aquí también hacia la cesación de pagos. *
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