Un enfoque progresista sobre el destino de Ancap
El país tiene problemas serios en su estructura económica. El Estado debe ser puesto a punto de los desafíos intensos a los que nuestra sociedad está expuesta en medio de las ráfagas de una economía mundial que arrasa sin piedad a los países más débiles.
Ante estos caben, desde siempre, dos actitudes: una es aceptar la demolición de todo lo acumulado y dejar vía libre al capital especulativo e itinerante que busca la realización de negocios rápidos y rentables, y asegurar la expansión continuada de los grandes monopolios.
La otra actitud es la de, a partir de defender lo que hemos construido, desarrollar las reformas que permitan potenciar nuestras posibilidades y estar en condiciones de competir con adversarios de la talla que sea.
Es en torno a estos enfoques que se ha ido estructurando un pensamiento alternativo, un paquete de orientaciones programáticas contrapuesto al catecismo neoliberal.
Desde algunas organizaciones sindicales, y desde el campo político, con el apoyo de técnicos calificados, se han ido elaborando propuestas que abarcan distintos aspectos de la realidad nacional.
Entre otros esfuerzos, merece ser destacado el que viene cumpliendo la llamada Unidad Temática de Energía, en el marco de las actividades de la Comisión de Programa del Encuentro Progresista.
Se podrá concordar o no con los términos que se aportan para la discusión. Lo que resulta indudable es que se trata de un material de gran interés y que su enunciado posibilita que se conozcan con anticipación cuáles son los puntos de vista desde los que se encara una línea de transformaciones.
El planteo difundido tiene estos ejes que vale la pena repasar:
Para que Ancap pueda ser competitivo con su producción en los mercados regionales y también en un mercado interno desmonopolizado, es conveniente la concreción de una asociación. Sus objetivos deben ser alinear los precios de nuestros combustibles con los precios de paridad de importación manteniendo la refinación dentro del país con la calidad adecuada y conservando los derechos laborales de sus trabajadores. Es decir, una asociación para crecer, superar los problemas de escala y expandirse en el exterior, particularmente en la región. No estamos de acuerdo con una asociación que implique solamente el pasaje del ente a la gestión privada, aunque sea a cambio de un ingreso importante de dinero.
Es indispensable que el marco regulatorio del sector esté definido con anterioridad a la concreción de la asociación; debemos tener presente que el marco regulatorio del sector abarca bastante más que la existencia o no de los monopolios.
Ancap es la principal empresa del país, y es propiedad de la sociedad en su conjunto. Las decisiones que se tomen respecto a su futuro deben tener el debate previo y público que sólo el tratamiento parlamentario ofrece.
Cualquiera sea el mecanismo de elección del socio, requiere de ciertas garantías: una base razonable que tenga relación con el valor de tasación de los activos que aporta Ancap, y requerimientos para el plan de negocios respecto a las inversiones, a los mercados a desarrollar y al cumplimiento de los objetivos originales.
Independientemente de la forma que adopte la asociación, se debe asegurar una verdadera cogestión entre el ente y su socio. Se trata de lograr un equilibrio en el que Ancap (y a través de él, nuestro país) tenga las garantías necesarias de que la gestión será la adecuada y compatibilizará el interés comercial de la nueva empresa con el interés general de la sociedad.
La concreción de un acuerdo también debe estar supeditada al mantenimiento de los derechos de los trabajadores. Los trabajadores del Ente no deben constituirse en la variable de ajuste para ganar competitividad.
La inversión de capital público en empresas regidas por el derecho privado debe ser acompañada por una mejora sustantiva de los mecanismos de control. *
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