Para atraer a los inversores
CARLOS BOUZAS
Ha dicho el Dr. Ignacio De Posadas que los inversores extranjeros se la piensan dos veces antes de radicarse en Uruguay, a causa de la existencia de regulaciones insoportables en el mercado laboral. Dice también que durante el gobierno en que él ocupó la titularidad del Ministerio de Economía, se hicieron varias cosas importantes tendentes a incentivar la inversión extranjera. Fueron medidas que eliminaron regulaciones que, como se sabe, son muy incordias a la hora de invertir. Aunque fueron insuficientes.
La medida estrella, según él, fue la de retirar al Poder Ejecutivo de las negociaciones salariales entre trabajadores y empresarios.
En efecto, el susodicho retiro se produjo en la mitad de la presidencia del doctor Lacalle, a medida que fueron venciendo los convenios largos en las diferentes ramas de actividad, con algunas excepciones (salud privada, construcción y transporte) dado que al Poder Ejecutivo le interesaba incidir en la fijación de los precios en esos sectores. Y yo me/le pregunto: ¿Qué consecuencias trajo el mencionado retiro del Poder Ejecutivo de la negociación salarial?
Se lo digo. En aquellas ramas de actividad –excluidas las mencionadas– donde existe un sindicato nacional fuerte, se continuaron firmando convenios colectivos. En el resto, de la mano de los cierres masivos de empresas y el fantasma permanente de la desocupación, los salarios y demás condiciones de trabajo pasaron a fijarse directamente entre el patrón y cada trabajador. El resultado ya se lo imaginará usted: empeoramiento de la remuneración, estabilidad, beneficios sociales, carga horaria, así como incumplimiento de leyes nacionales (jornada de ocho horas, descanso semanal, licencia).
Existen también numerosos casos de convenios firmados entre una empresa con el sindicato de trabajadores existente en la misma. Esos empresarios firmantes están en desventaja frente a los competidores que no han firmado convenio, porque se las han ingeniado para que no exista sindicato.
O sea que el avance promisorio a que alude el Dr. De Posadas, realizado para incentivar a los sagrados inversores, tuvo una contrapartida lamentable que afectó, afecta y seguirá afectando negativamente a decenas de miles (por lo menos) de compatriotas; la mayoría de ellos, trabajadores, aunque también se incluyen decenas de empresarios.
Y le termino diciendo –con este ejemplo sencillo que dibujo basándome en confesión de parte– que las políticas de los gobiernos no son inocuas ni ascéticas. No son indiferentes a la vida de la gente: la condicionan. Y le digo más: los políticos no se equivocan; no es que las cosas le salgan diferente a lo que planificaron, sino que aquello que se propusieron se cumple, aunque –si omitieron pensar en las consecuencias que traerían las medidas adoptadas, en la vida de sus compatriotas– es inevitable que esas consecuencias sean muy malas.
Dicho de otra manera –y para tomar un ejemplo de la casa del vecino– puede ser muy laudatorio la obtención del déficit cero, siempre que no sea a costa de un gran camposanto. *
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