¿Cuándo se sale de esto?

Visiones sobre la reforma del Estado

El editorialista del semanario de la derecha, luego de realizar una bastante correcta descripción de lo que está ocurriendo en el país, concluye que la única solución para la crisis es llevar adelante en forma rápida la reforma del Estado en la que está implícita, obviamente, la venta de las empresas públicas. Dice por el final que «la velocidad en las reformas y la agilidad en las negociaciones comerciales podrán cambiar el curso de la economía y lograr la reactivación». A continuación agrega, remitiéndose a una interrogante del principio de la nota: «¿Cuándo se sale de esto?» La respuesta para él es: «Después de la reforma».

O sea, seguir el camino de Argentina, que vendió todo su patrimonio nacional logrando, al fin del camino, ingresar en una trágica crisis que, según todos los síntomas y pronósticos, parecería ser terminal.

Pero, que no se nos interprete mal. No estamos diciendo que el Estado uruguayo no tenga que ser reformado ni que debamos negarnos a realizar acuerdos con grandes operadores para –como en el caso de Ancap– modernizar la gestión, bajar costos y poder expandir la actividad y así lograr mejores niveles de vida para todos los uruguayos.

Sin embargo ello no significa bajar la cerviz ante el capital financiero, entregando al mejor postor y en remate público, empresas que tienen carácter estratégico y que le han costado a los uruguayos varios decenios de esfuerzo.

Por ello, cuando se habla de reforma del Estado, hay que tener claro cuáles son las diferentes visiones que existen sobre el punto: la derecha, siempre aliada al capital financiero, quiere la enajenación del país, haciendo sobre ello una prédica continua, sin tener en cuenta que en algunos casos lo que lograrán es sustituir un monopolio público, que contribuye con mucho dinero a Rentas Generales, por otro privado que exportará las ganancias a sus casas matrices.

¿Esa es la reforma que impedirá que sigan cerrándose comercios, bajando la producción industrial y agropecuaria, que los uruguayos continúen preguntándose «¿cuándo se sale de esto?»

En el país se han sucedido algunas más que desprolijas privatizaciones: recordemos lo hecho con Pluna, que sólo se puede calificar de un desaguisado mayúsculo, en que el mayor contribuyente para la nueva empresa que se creó continuó siendo el Estado uruguayo. Una empresa que tiene dos directorios, el real, comandado por Varig y el estatal, que todavía funciona, tras el que pululan alrededor de 200 empleados que pagamos entre todos.

Otro ejemplo son las privatizaciones emprendidas por OSE, otorgando la provisión de agua en la zona del este a empresas privadas. ¿Con qué resultado?: que los usuarios paguen mucho más por un servicio que, además, es de peor calidad que el que brinda la empresa estatal.

También se privatizó la playa de contenedores del puerto de Montevideo: se traspasó, en remate al mejor postor, esa fundamental entrada comercial al país a un pull de empresas privadas que todavía no han mostrado la punta de su madeja.

No nos olvidemos –escribiendo a vuelo de pájaro– de la privatización de la ruta interbalnearia en que la empresa beneficiaria, según denuncias fehacientes, no hizo otras inversiones que las salidas previamente del pago de los peajes. Trabajó, exclusivamente con el dinero que pusimos todos.

Podríamos seguir con otros ejemplos, como el de las AFAP, para intentar reflexionar en conjunto sobre el significado de toda una política que niega al país y a los uruguayos.

Para el comentarista de Búsqueda es «imprescindible que se actúe con rapidez», porque el país no resiste más. En esto último estamos de acuerdo, pero obviamente no es carcomiendo los cimientos que se fortifica una construcción a punto de derrumbarse, siguiendo adelante con una política económica agotada. *

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