Paz para la libertad, libertad para la justicia
VICTOR ROSSI
El tema de la guerra y del terrorismo ha opacado una serie de inquietudes y de preocupaciones de nuestra sociedad y seguramente de la gran mayoría de los pueblos del mundo.
Es que el efecto de la tragedia del 11 de setiembre sobre las Torres Gemelas y la guerra desatada el 7 de octubre contra Afganistán por los Estados Unidos, no es asunto menor. Hoy está en juego no sólo la paz mundial, sino con ella la vida de la gente, la libertad y las posibilidades de encontrar caminos para la justicia social.
Puede parecer una exageración plantearnos desde nuestro país, pequeño en territorio y población, ser contribuyentes decididos de un gran movimiento por la paz mundial, pero no lo es.
El nuevo cuadro mundial ha puesto al mundo cabeza para abajo y el desafío es lograr que vuelva a apoyarse sobre sus dos pies, aunque ande a los tumbos. Hoy en el mundo está primando la lógica de la seguridad sobre la lógica de la libertad, lo que se manifiesta en distintos ámbitos de la sociedad. Y cuando falta la libertad o se la recorta se cierra el debate de ideas y se pone en cuestión todo tipo de reivindicación social o nacional, por más justa que sea ella.
Este fenómeno que está golpeando duramente a los estadounidenses, en la medida en que el paradigma de la sociedad abierta y libre comienza a limitarse con la censura de prensa, con el retorno del racismo y hasta con la pérdida de los espacios de socialización (disminución del turismo, restaurantes y teatros de Nueva York vacíos, caída del consumo), puede también llegar a perjudicar a países como el nuestro que están alejados del escenario de una guerra de corte tradicional, pero igualmente al alcance del terrorismo y de quienes dicen combatirlo.
Por eso, todo grano de arena que aportemos a la paz mundial servirá para ayudar a la distensión internacional, a la vez que en lo interno será la forma de proteger nuestras libertades y, asimismo, generar la posibilidad de recrear el menú temático de una sociedad como la nuestra que necesita salir de la recesión y atender las urgencias sociales más inmediatas.
Un país abanderado con la paz ayuda a conformar un escenario interno tolerante, abierto al debate y a la crítica, sensible a los problemas de su gente, respetuoso de los valores que contienen las instituciones democráticas, ajeno a todo intento de visión oscurantista, sectaria e intransigente.
La idea es volver a poner al país cabeza para arriba, para poder mirar a lo lejos con perspectiva de futuro, pero a la vez atendiendo con ojo crítico y propositivo las zonas más sensibles de la población.
En este fin de semana dos actividades se conjugan, aunque no se lo hayan propuesto. Este sábado se realizará la caminata del doctor Tabaré Vázquez por Montevideo para darle un nuevo empujón a la recolección de firmas para convocar a un plebiscito en defensa de Antel. Mientras que el domingo se construirá una cadena humana y se remontarán cometas en favor de la paz mundial, convocada por organizaciones humanitarias y sociales.
Dos buenas expresiones de un pueblo que anda, que camina, que construye a diario su porvenir, sabiendo que sólo en paz y en libertad se puede defender el rico patrimonio de los orientales.
El desafío no es fácil de resolver, en tanto algunos creen que se puede construir una nueva realidad nacional, dejando que Estados Unidos sea el poder tutelar del mundo occidental y cristiano.
No habrá justicia social ni desarrollo sostenido y sustentable de nuestra economía, sin que las fuerzas de la paz sean las que se afiancen ante la irracionalidad que parece querer ser la que marque la característica fundamental del Siglo XXI.
Es la hora de participar. *
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