Intentan sacarle jugo a las piedras
Una batería de medidas económicas se apresta a anunciar el gobierno del doctor Jorge Batlle. No es de augures saber que la mayoría de las mismas está en la misma línea de la política actual y, lejos de crear condiciones favorables para reducir el famoso «costo país», servirán para hacer más onerosa la vida en el Uruguay.
Hoy nos limitaremos a comentar la «idea», al parecer elaborada por técnicos del Banco Central, de crear una unidad en pesos «indexada», con el evidente objetivo de permitir a los bancos privados un flujo mayor de préstamos en moneda nacional. Para ello no se castiga la usura o se trata de reducir los costos operativos en el sistema financiero, para que las tasas de interés estén más acordes con las necesidades del país. Se busca otro camino, quizás el más desconcertante.
La creación de esa unidad de pesos «indexada» tiene como único cometido traspasar el riesgo, del que hoy se cubren los bancos con las altísimas tasas de interés, a sus deudores. Si en el período de amortización de un préstamo se devalúa la moneda –desgracia de la que nadie está libre– rompiéndose la «estabilidad», multiplicándose la inflación y saltando el IPC, ese costo lo pagará el deudor y no el acreedor, que en este caso sería un banco.
La unidad de pesos «indexada», obviamente, podrá determinar, en base a un arbitrio contable, traspasar a la gente la totalidad del riesgo que hoy deben sobrellevar los bancos, lo que es realmente un hecho inédito para el país y para el mundo.
Lograrán con esa medida –aunque sostienen que existe un sistema similar en Chile– que el negocio bancario esté exento de todo tipo de contingencia, sin que lo afecte la coyuntura ni el desplome de la economía, ni los malos negocios, tampoco los pésimos ministros de Economía.
El sistema financiero sería la «mosca blanca» dentro de una situación en que, obviamente, la coyuntura ha derrumbado a miles de empresas, tanto industriales como agropecuarias, haciendo que más del 16 por ciento de los uruguayos viva en el desesperante tramo de la desocupación abierta, y que alrededor de 750 mil personas, casi la mitad de la mano de obra económicamente activa, sufran problemas de empleo, tanto por precariedad o mala calidad del trabajo.
Es obvio que se deben buscar soluciones para bajar las exorbitantes tasas de interés que se cobran en nuestra plaza y que, en alguna medida, están vinculadas con el liderazgo «para arriba» que mantiene el propio Banco de la República como consecuencia de ser un banco de fomento y, hay que decirlo también, por su ineficiente vetustez funcional. También influye en el tema la inestabilidad argentina que, en opinión de muchos, afectaría al país de manera decisiva.
Sin embargo, es bien claro que, desde el punto de vista estrictamente económico, trasladar el riesgo al deudor no soluciona el tema de fondo. Además, nuevamente, se castiga a quien debe hipotecar sus bienes y muchas veces perderlos como consecuencia de una imprevista contingencia.
El tema es bajar las tasas de interés, actuando sobre las variables que las mantienen en estos niveles siderales y no crear ficticias «indexaciones» que no podrán lograr sacarle jugo a las piedras.
El ejemplo del BHU es para tener en cuenta. *
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