La inaudita situación de Freddy Lima
Ludvik, celoso de una mujer, Marketa, decide enviarle una carta: «Sólo había una cosa con la que no estaba de acuerdo: que estuviera contenta y feliz cuando yo la extrañaba. De modo que compré una postal (para herirla, asombrarla y confundirla) y escribí: ‘¡El optimismo es el opio del pueblo! El espíritu sano hiede a idiotez. ¡Viva Trotski! Ludvik'».
Milan Kundera, «La broma»
Cuando escribimos estas líneas desconocemos el desenlace de la situación inaudita en la que se encuentra atrapado el ciudadano uruguayo Freddy Lima, un economista y académico conocido, funcionario de la Organización de Estados Americanos, y un hombre de bien, querido y respetado en su familia y entre sus colegas y amigos.
Según todas las fuentes, incluyendo la versión trasmitida por el cónsul general uruguayo en Miami, a Freddy Lima se le imputa haber contestado, a ciencia cierta ni siquiera sabemos si en tono de broma o no, ante una pregunta que le formulaba un funcionario, que eso que llevaba «era una lapicera, y no un explosivo».
Según los testimonios referidos, el episodio que excitó el celo represivo de los gendarmes norteamericanos es insignificante y absolutamente trivial. Pero para Freddy Lima ha conllevado ya una serie de contratiempos y disgustos nada envidiables por cierto.
De atenernos a los términos de algunas entrevistas telefónicas difundidas en el día de ayer, el cónsul general uruguayo en Miami, señor Antonio Luis Camps, la situación del economista uruguayo todavía no muestra demasiados indicios de solución.
El diplomático, que tuvo dificultades para definir la expresión inglesa con que se acusa a Lima, dijo que recién en esa jornada (por ayer) se fijaba el día de la audiencia ante el juez, a la que concurrirán los guardias de seguridad que lo acusan y el viajero uruguayo. Dicho de otra manera, una semana después de ser encarcelado Lima sigue en la incertidumbre acerca de cuál será su destino inmediato. Sabe, eso sí, que la fianza ha sido fijada en veinticinco mil dólares.
A diferencia de Lima, Milan Kundera llevó adelante su broma con premeditación y alevosía cuando, hace unos 34 años, con la «guerra fría» en su mayor esplendor, publicó su primera y celebrada novela, «La broma», cuyo éxito de librerías fue inmediato.
En pocas semanas se agotó una edición de veinte mil ejemplares y Kundera obtuvo el premio de la Unión de Escritores de Checoslovaquia.
Al poco tiempo la novela fue prohibida y retirada de las bibliotecas a pretexto de que constituía «la Biblia de la contrarrevolución».
Como ha dicho M. Jösch, la escueta broma de Kundera «fue suficiente para gatillar la ira de las autoridades. La inteligencia, a fin de cuentas, nunca será compatible con la censura y la falta de libertad.»
Como desenlace penoso y absurdo de su carrera literaria en Praga, el escritor terminó despojado de su nacionalidad y exiliado en Francia.
En la situación que hoy nos preocupa, dado el carácter fortuito y arbitrario de las acusaciones contra Freddy Lima es de esperar que finalmente se disipen los malentendidos y recupere sus derechos y su libertad.
El enojoso incidente parece ejemplificar para los uruguayos los extremos de falta de tino, susceptibilidad e intolerancia que parece haber ganado a algunos sectores de la sociedad y de la burocracia norteamericana. Y los riesgos que eso comporta para el resto del mundo.
Las autoridades diplomáticas y consulares uruguayas deberían actuar con decisión y eficacia de modo de brindar al ciudadano uruguayo detenido desde el 17 de octubre el apoyo legal y moral que corresponde en la desagradable e injusta situación por la que le toca atravesar. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad