En respuesta al senador Correa Freitas
JORGE CROCE
La nota publicada el 19/10/01 bajo el título Los «desvíos de poder» del doctor Correa Freitas ha provocado, en el destinatario, una reacción efectista y desmedida, tendiente a impresionar y amedrentar.
La nota que motiva el pomposo e inadecuado «emplazamiento», contrariametne a lo que me caracteriza, no es «de opinión» sino, como se puede ver de su simple lectura, una cronología de hechos cuyas frases entrecomilladas transcriben documentos oficiales fidedignos emanados de autoridad competente, que he tenido a la vista. No hay pues, ninguna opinión que me pertenezca, sino la transcripción textual de párrafos de dichos documentos.
Incluso la acusación más grave, que establece:
«Merece destacarse, por fin, la contradictoria actitud asumida por la parte demandada (que es la Comisión Especial Ley 15783 que presidía el doctor Correa Freitas). Ello no solamente por el verdaderamente incomprensible cambio de criterio, que adoptara frente a situaciones casi similares a las del ocurrente, lo que sin exceso, constituye circunstancia casi lindante con la desviación de poder, sino por la ostensible antinomia, que implica reconocer, sin ambages, la arbitrariedad del proceder del Liquidador, al disponer la cesantía por incluir a la parte actora en la lista de personal no absorbible, en razón de sus antecedentes gremiales, y no obstante, peticionar la confirmación del acto dictado, con omisión de asignar a la situación que se admite verificada, sus legales consecuencias», proviene no del autor de la nota sino nada menos que del Tribunal de lo Contencioso Administrativo.
El doctor Correa Freitas establece en su emplazamiento, que la nota es producto de «un profundo error que comete el firmante, esperando que sea un error de buena fe».
El argumento que expone el doctor Correa Freitas es que «es a la Comisión Especial (Ley 15783) y no la persona del doctor Correa a la que debe imputarse tal responsabilidad».
Pero todos sabemos que las Comisiones se integran por personas; que el doctor Correa Freitas integraba esa Comisión en carácter nada menos que de presidente.
Como más adelante él mismo expone, tiene (por integrar la Comisión) responsabilidad política y jurídica, pues la responsabilidad de los integrantes es, a mi juicio, solidaria e indivisible. Acá no se trata de saber si tiene 1/5 o 1/3 de la responsabilidad total. Lo único que lo podría haber exceptuado de esa responsabilidad hubiera sido su voto contrario a la resolución cuestionada duramente por el Tribunal de lo Contencioso Administrativo, y no fue así. Muy por el contrario.
En alguna de las votaciones, aparece un voto en contra y una abstención que, me he informado, lamentablemente no le pertenecen.
Y a los que no somos muy duchos en la parte contenciosa (por suerte), nos llama poderosamente la atención, el carácter de grave sermón de censura a lo actuado, que acompaña a la resolución de nulidad del acto denegatorio aprobado por la CE Ley 15783 y que consignamos en negrita e itálica ut supra. Para finalizar, más allá de sus amenazas de promoción de juicio por difamación e injurias, lo que la gente quiere saber es cuál fue el motivo real que lo hizo, en este caso, apartarse de un entorno razonable de justicia y que motivó la dura respuesta del TCA que acompaña la resolución de nulidad.
Y al mismo tiempo recordarle que, por dicha situación, de la que usted es responsable, un militante, trabajador digno y excelente funcionario, debió penar, por los estrados judiciales durante varios años para que se le hiciera justicia.
Felizmente, la justicia tardó pero llegó. En otros casos no ha sido así. Lo más grave de la situación planteada por el doctor Correa Freitas es la creación del precedente por el cual, desde la alta investidura de legislador ungido por el pueblo, desliza una amenaza de penalización, a quien realiza un aporte periodístico consistente en la relación objetiva y respetuosa de hechos documentados, lo que sin ninguna duda, conlleva un ataque a la libertad de expresión.
Atención, Sindicato de la Prensa, SIP, etc.
De aquí en adelante, a mantener «la boquita cerrada», a silenciar la crítica, porque se puede correr el mismo riesgo. Y termino con otra pregunta: ¿Quién juzga a los injustos de la (in) Justicia?
Seguramente que la gente. A su juicio me remito. *
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