PUNTO FINAL A LA DOCTRINA DE LA SEGURIDAD NACIONAL

No podrán resurgir de entre las cenizas

Dos hechos que han tenido valor informativo en las últimas horas hacen que intentemos una explicación sobre la coyuntura que vive el país y los «peligros» que podrían avecinarse. El sector liderado por Julio María Sanguinetti está mostrando un claro perfil ultramontano, calificando a sectores frenteamplistas de estar integrados por terroristas. Claro está, buscan una polarización entre ese sector –más que venido a menos– y el Encuentro Progresista-Frente Amplio. El objetivo es no seguir desgajándose por obra y gracia de los fracasos de la política económica que aplicaron –y que aún se mantiene–, a lo que se suma una gigantesca insensibilidad en lo social, que también está presente.

Todas las acciones de este conglomerado político, desde su oposición a la integración correcta de los organismos de contralor, su política de defensa a ultranza de los terroristas de Estado, hasta las acciones de las últimas semanas acusando a dirigentes de la izquierda de terrorismo, están mostrando que ante la desesperación que les provoca un eventual triunfo electoral del EP-FA, son capaces de transgresiones mucho mayores, incluso intentando violentar la Constitución de la República.

Esta convicción, avalada por una concatenación de hechos todos ellos producto de comprobaciones de sucesos fehacientes, se suma a la preocupación hecha pública por el general (r) Víctor Licandro, que indicó que el Ejército sigue manejando los elementos ideológicos de la Doctrina de la Seguridad Nacional, engendro antidemocrático ideado por el Departamento de Estado, sobre el que se montó primero el gobierno de Pacheco Areco, luego –acentuando sus peores extremos– el de Juan María Bordaberry, y finalmente el de facto. Una doctrina que hizo que nuestras Fuerzas Armadas fueran gendarmes que jugaban a favor de los intereses de EEUU, envueltos en una hoy inexistente guerra fría.

El vicepresidente de la República, Luis Hierro López, en una conferencia dictada en Colonia, en el marco de las reuniones de actualización ideológica organizadas por el Partido Colorado, recordó la etapa del pachequismo, las continuas violaciones de la Constitución y, además, aquel autoritarismo fuera de lugar que ponía en juego en cada ocasión.

Allí comenzó a gestarse la peor etapa institucional del país, que culminaría –ya siendo presidente Bordaberry– con el golpe de Estado del 27 de junio 1973.

La Doctrina de la Seguridad Nacional –que le preocupa justamente a Licandro– sigue siendo la base ideológica sustantiva de nuestro Ejército. ¿Y ello por qué? La respuesta a esta interrogante puede intuirse en el discurso de algunos dirigentes colorados, representantes de una derecha que creíamos erradicada del país luego de la nefasta y brutal experiencia de la dictadura.

Por ello, es hora de estar con los ojos bien abiertos para desentrañar todo lo que ocurre. Todos, sin distinción de sectores políticos o sociales, debemos unirnos para defender nuestra imperfecta democracia, sabiendo que no existe otra experiencia de convivencia posible. Que nadie tenga dudas que esto es así, que ninguno entienda que pueden recorrerse otros caminos que no sean los de la libertad, la confrontación de ideas en el marco de los organismos institucionales, para que el pueblo –la gente toda– pueda expresarse y decidir.

Este Uruguay en crisis no admite ya juegos malabares de algunos políticos que quieren resurgir de entre las cenizas. *

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