"Dictan clases magistrales..."

El atrevido espionaje de los liberales

A lo largo del mes de febrero el Parlamento Europeo, en una actuación que parece haberlo sacado de su discreta parsimonia, se ocupó de discutir e informar acerca de los contornos de una gigantesca red de espionaje montada por cinco países anglosajones: Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Canadá y Nueva Zelandia.

El origen de lo que se ha dado en llamar las «grandes orejas» o el «superhacker del espionaje», se remonta a la época de la guerra fría, cuando la tensión en el campo militar mantenía en vilo a los servicios de espionaje de uno y otro lado del mundo y los Estados Unidos y el Reino Unido formalizaron un acuerdo para intercambiar información atinente a cuestiones de seguridad.

En 1998 tuvieron lugar las primeras filtraciones hacia los ámbitos políticos europeos y el Parlamento creó un departamento para hacer un seguimiento de las informaciones que se iban recabando sobre lo que se denominó ni más ni menos que «Evaluación de las tecnologías de control político».

Casi dos años después, la red de espionaje ha sido en gran parte sacada a luz a través de distintos informes que recogen datos de las propias agencias de seguridad de los países implicados y de los infaltables «arrepentidos» que sueltan el rollo sobre las acciones ilegales en las que estuvieron laborando.

El sistema Echelon permite interceptar todas las comunicaciones del planeta sea vía internet, fax o teléfono.

Las computadoras de este tentacular programa planetario están en condiciones de reconocer palabras, teclas, números y hasta timbres de voz.

La infraestructura disponible, que intercepta todas las comunicaciones que transitan por vía satelital, puede filtrar en sólo media hora hasta cerca de mil millones de mensajes.

En «la gran oreja» anglosajona trabajan miles de personas. Sólo en una base situada en Gran Bretaña, Menwith Hill, operan alrededor de 1.400 personas.

Según el informe discutido en febrero último en el Parlamento Europeo, la información pirateada a empresas europeas en el campo de la alta tecnología se suministra a firmas estadounidenses para que puedan conquistar mercados a expensas de los esfuerzos de las corporaciones europeas.

Dentro del sistema Echalon, como no podía ser de otra manera, los Estados Unidos se reservan el derecho de trasmitir o no a sus aliados anglosajones la información que ellos poseen.

La descripción de los mecanismos de espionaje utilizados en el sistema Echalon sobrepasa holgadamente a los sórdidos mecanismos descritos por George Orwell en su novela de anticipación «1984» (¡publicada en 1949!).

A los gigantescos procesadores se le selecciona una serie de palabras claves y toda la correspondencia, conversación telefónica o fax que incluya esa palabra es inmediatamente retenido para examinar.

Lo alarmante del asunto es que las destinatarias principales de estas pesquisas secretas, que empiezan por violar las constituciones de los propios países que la practican, son las comunicaciones civiles.

Por supuesto que unos blancos privilegiados de estos atropellos lo constituyen los militantes políticos, religiosos y activistas por los derechos humanos. Que la «memoria» de las computadoras del Echalon tiene una gran capacidad operativa da prueba el hecho de que se llevaba un registro detallado de las actividades de la fallecida Madre Teresa de Calcuta y de la princesa Diana de Gales.

El informe realizado en el Parlamento Europeo refiere a algunos casos de espionaje político en el propio país, como los implementados por Margaret Thatcher para vigilar a sus propios ministros. En consideración a la proverbial hipocresía de los círculos de poder británico, el espionaje se ejecutó por vía de funcionarios oriundos de otros países que forman parte del sistema.

Con amarga ironía comentaba en estos días el matutino parisién Le Monde: » De Washington y Londres, donde se dictan las clases magistrales de liberalismo y competencia leal, sería ideal que llegara una explicación… por fax, por e-mail o por teléfono».

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