Relación de trabajo o relación de poder
JORGE BRUNI
Si tú eres un trabajador que te vas a incorporar a trabajar a una empresa privada, y tienes menos de 25 años, podrás ponerte de acuerdo con la empresa por dos o cuatro años para no quedar afiliado a una mutualista, en cuyo caso pasarás a asistirte en el Ministerio de Salud Pública.
La empresa por su parte quedará exonerada del pago del complemento de cuota mutual que regularmente debe pagar al BPS. Esto forma parte del contenido de un proyecto de ley que circula.
Otto Sinzheimer, extraordinario jurista alemán, decía que el contrato que liga al trabajador con su empleador no era una relación jurídica sino de poder. Uno manda y otro obedece.
La observación de la realidad en la que Sinzheimer vivía, 1933, época de la Marcha de las Antorchas convergiendo hacia la Puerta de Brandeburgo en la Alemania Nazi, le hacía concluir en ello.
Todo se subordinaba a la lógica de la competitividad, al «libre contrato de trabajo» y a «las leyes naturales de la economía». Pululaban los contratos de trabajo precarios y la informalidad.
Los trabajadores aislados, sin sindicato que los respaldara, negociaban con las empresas sus condiciones de trabajo.
Cualquier coincidencia con los tiempos actuales es pura casualidad.
El proyecto que mencionamos plantea algo parecido. Al parecer los autores del mismo creen que los uruguayos somos idiotas, o todo es una gran hipocresía. Pretenden hacernos creer que ese joven decide libremente quedar fuera de una mutualista porque sí, por su gusto, que negocia igualitariamente con la empresa sus condiciones de trabajo.
Deberían salir de sus escritorios y darse una vueltita por la vida real, abandonando la virtual en la que viven sumergidos. Podrían advertir las larguísimas colas de uruguayos que buscan laburo a lo largo y ancho del país, y se darían cuenta de cuán disparatado es pensar que esos muchachos puedan negociar con una empresa en igualdad de condiciones. ¿No le gusta lo que le ofrezco? ¡Que pase el siguiente!
Uruguay fue, hoy no tanto lamentablemente, un ejemplo de país culturalmente moderno.
El desarrollo del Derecho Laboral y de la Seguridad Social a través de figuras consulares como Francisco de Ferrari, Héctor Hugo Barbagelata, Américo Plá Rodríguez, Ruben Cagianni, Helios Sarthou y tantos otros nucleados en el Instituto de Derecho Laboral de la Facultad de Derecho, nos llenó de orgullo a todos.
Todavía podemos seguir aprendiendo de ellos.
Los necesitamos para evitar que la bestia neoliberal, la de los intereses económicos sin límites de este mundo loco, globalizado y guerrerista, nos termine hundiendo definitivamente.
Si no dejamos de lado a esos fundamentalistas del mercado y de las «leyes naturales de la economía» de las que tanto han hecho gárgaras todos los ministros de Economía desde 1968 en adelante, sin excepciones, incluida la dictadura, todo puede suceder.
Nos pueden precipitar en «un caos oscuro e inimaginable» como decía el renombrado Sinzheimer en su época.
Ellos son los mentores ideológicos del proyecto que comentamos, los que pregonan a nivel nacional las privatizaciones sin ton ni son, la competitividad, rebaja de costos laborales y de las prestaciones sociales, exoneraciones indiscriminadas de aporte y otras yerbas, en aras de creación de empleo que cada vez tarda más en llegar. Despreciando la inteligencia de los uruguayos, nos quieren meter el gaucho de que el trabajador aislado puede negociar en igualdad de condiciones con la empresa. ¡Claro! Existen manos de yeso siempre dispuestas a votar lo que sea.
Esperemos que no prospere.*
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