La paz necesita un gran movimiento
VICTOR ROSSI
Es hora de actuar. No alcanza con declaraciones. Hay que poner en movimiento a todas las fuerzas sanas del país a favor de la paz mundial. Razones sobran.
Quienes creyeron que la guerra era entre los asesinos terroristas de Bin Laden y el Pentágono se equivocaron. La lógica de la guerra se expande y amenaza a embarcarnos a todos en una espiral de sangre.
Los hechos hablan por sí solos. El pasado 16 de octubre dos diarios –El Tiempo de Colombia y Ultima Hora de Paraguay–, trajeron las malas noticias.
Francis Taylor, coordinador antiterrorista del Departamento de Estado, fue claro: «No voy a discutir la distinción entre grupo insurgente y grupo terrorista. Sólo le digo que aquellos que están en la lista son terroristas y son objeto de esta campaña contra el terrorismo», acotó.
En esa misma nota El Tiempo señala que Taylor incluye en la lista a las FARC, al ELN y al grupo ultraderechista Autodefensas Unidas de Colombia.
También se señala que ya se cuenta con 50 millones de dólares para financiar las acciones en Colombia y que el Senado votaría 567 millones de dólares para la «Iniciativa Regional Andina», cuya mitad sería destinada a solventar el Plan Colombia.
A la vez, la mira también estaría sobre la Triple Frontera. Ultima Hora de Asunción también recoge declaraciones que también atribuye a Taylor, quien asegura que en esa zona compartida por Brasil, Argentina y Paraguay, operan organizaciones extremistas que «están involucradas en actividades de recaudación de fondos y proselitismo entre la extensa población de Medio Oriente que vive en esa zona».
Ese órgano de prensa agrega que en la zona se realizarán ejercicios de seguridad por parte de las fuerzas armadas de esos tres países, donde también participarían «representantes norteamericanos y de otros ocho países miembros de la Organización de Estados Americanos».
En el caso de Colombia nos parece un verdadero atropello contra la soberanía de ese país, que reclama paz para encontrar una salida política civilizada y no la intromisión extranjera.
Sobre la Triple Frontera, no tenemos todos los elementos para establecer si desde esa zona se apoya o no a organizaciones terroristas.
Pero en caso de que la respuesta fuera afirmativa, volvemos a reafirmar que no es con la guerra que se termina con el terrorismo, sino con la acción decidida de los gobiernos y de los pueblos, quienes dentro de la legalidad deben poner en funcionamiento todos los aparatos de inteligencia y de acción policial para extirparlos.
Sabemos bien que cualquier acción de guerra termina siempre en injusticias terribles, como está ocurriendo hoy en Afganistán.
Nadie puede asegurar el destino final de un misil. Todos sabemos que el precio infalible es la vida de más y más inocentes, por cada día de guerra.
El país no puede permanecer ajeno a la actual hora mundial. A pesar de su pequeñez puede dar señales al mundo de que los pueblos quieren vivir en paz, única garantía de la libertad y de la democracia.
El propio ejemplo de los Estados Unidos nos debe llevar a reflexionar. Ya hay voces, dentro y fuera de ese país, señalando que se están recortando la libertades conquistadas por los estadounidenses, desde el origen mismo de su historia, pero perfeccionadas desde la década del 60 la guerra y ancladas en los movimientos que promovieron la ampliación de los derechos para las minorías raciales y religiosas.
El Uruguay necesita paz en lo interno y paz en el planeta. Sin ella no habrá más democracia, ni más justicia social. Por eso la construcción de un gran movimiento por la paz mundial y por la libertades requiere la acción conjunta de uruguayas y uruguayas para reclamar el clima de tolerancia que aspiramos a que se consolide cada día más en nuestra sociedad.
Tenemos que promover una gran confluencia de gobiernos, partidos, iglesias, sindicatos, grupos empresariales, universidades, ONGs y pueblos, que haga imposible en Latinoamérica la expansión de la guerra y del terrorismo. Esta es tarea de la hora actual que no debe postergar otras urgencias, pero que tampoco puede ser postergada por ningún motivo. *
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