RESBALADIZA, OSCURA Y AMBIGUA

Lamentable retórica ministerial

El ministro de Relaciones Exteriores acaba de realizar, en el marco de un almuerzo realizado por el Rotary Club de Montevideo, una serie de afirmaciones sobre cuestiones de política internacional que no pueden menos que suscitar rechazo y preocupación.

Después de repetir las rutinarias fórmulas de «condena al terrorismo» y apoyo irrestricto a las acciones bélicas desatadas desde los Estados Unidos, el doctor Didier Opertti realizó una serie de puntualizaciones que vale la pena consignar para establecer con claridad nuestro rechazo a esa forma de pensamiento y ese estilo de expresión.

Según la crónica de El País, Opertti «condenó a quienes justifican los atentados considerando que representan al imperialismo económico y financiero con el que tantas veces se enrostra», porque «no se tienen razones sustantivas para combatir un modelo».

Como se puede apreciar, las expresiones del canciller ante un problema tan delicado como el actual dejan mucho que desear en materia de claridad conceptual.

¿A quiénes condena el ministro?

¿A quiénes, en Uruguay, atribuye ese «discurso justificativo» de los actos terroristas?

¿Desde qué tesitura se coloca un funcionario que, en tanto miembro del elenco gubernamental, debe representar los intereses de toda la nación y velar por el destino del país en su conjunto?

¿Es el gobierno que lanza sus ambiguos dardos admonitorios o es el Foro Batllista a través del militantismo desubicado de uno de los suyos?

¿Se refiere acaso el ministro a quienes han recordado en estos días el cúmulo de acciones agresivas, tanto desde el punto de vista militar como económico, desarrolladas por los gobiernos norteamericanos para dirimir sus diferencias con otros países?

De donde resultaría que recordar la existencia de esa hegemonía creciente de los Estados Unidos en el mundo sería una suerte de permisividad o apología del terrorismo más despiadado. Un razonamiento, como se puede apreciar, sin la menor traza de fundamentos racionales. Una fórmula verbal que recuerda, significativamente, a la tosca y amenazante alternativa que viene sirviendo de emblema al gobierno del señor Bush: «O están con nosotros o están con el terrorismo».

Continúa el sagaz ministro: «Quienes murieron (en el criminal atentado contra las Torres Gemelas) no eran todos funcionarios del Fondo Monetario Internacional como lo ha dicho una señora llena de rencores y odios» en referencia a la señora Hebe de Bonafini, integrante de la organización Madres de Plaza de Mayo.

El recurso dialéctico de Opertti no es de recibo. Las expresiones, totalmente equivocadas, de la Señora Hebe de Bonafini han sido controvertidas casi de inmediato a su formulación, por otras personalidades y organizaciones del mundo de la lucha por los derechos humanos, que también pertenecen al movimiento histórico de las Madres de Mayo.

En nuestro país, la inmensa mayoría de las voces que se han pronunciado sobre el luctuoso episodio del ataque terrorista contra los edificios del Pentágono y del World Trade Cente, lo han hecho para condenar el crimen terrorista y la demencial espiral de violencia y destrucción que contribuye a desarrollar.

Si la idea del funcionario es contribuir a que se conozca la posición del gobierno que representa, no es con puntos de vista manifiestamente caricaturales y erróneos con que debe discutir sino con las posiciones que al tiempo que condenan por inhumanos y sangrientos los ataques se pronuncian por el respeto a la soberanía de las naciones involucradas, a la búsqueda de la justicia y no de la venganza y al respeto por el rol que en la emergencia pueden y deben cumplir las organizaciones internacionales como las Naciones Unidas.

La identificación irrestricta con las posiciones del gobierno de los Estados Unidos que el canciller Opertti exhibe no representa cabalmente ni los intereses ni el pensamiento de la inmensa mayoría de los uruguayos que, rechazando las acciones sangrientas del terrorismo, han expresado más de una vez su vocación por el respeto a los organismos internacionales y la soberanía de todas las naciones. *

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