Seis días en Cuba, cinco con Fidel
HUGO CORES
Si como se ha dicho, la verdad suele ser la primera víctima de una conflagración y asistimos hoy a la utilización de la mentira como arma de guerra, se entiende la importancia que las autoridades cubanas le dieron a un debate actual sobre los medios, las comunicaciones y la prensa. Y sobre las formas de combatir lo que se ha llamado el «terrorismo desinformativo» ejercido desde el centro imperial. Explica también el hecho que el comandante Fidel Castro haya asistido, durante largas horas, a todas las sesiones del encuentro realizado en La Habana.
Invitados por la Federación Latinoamericana de Periodistas, asistimos entre el 6 y el 11 de octubre al Congreso Latinoamericano de Periodistas celebrado en Cuba.
Una muchedumbre madrugadora
Llegamos al Aeropuerto José Martí alrededor de las 7 de la mañana del sábado 6. Para nuestra sorpresa, los televisores instalados en las salas de la terminal mostraban la Plaza de la Revolución repleta de gente: convocado por el gobierno, un millón y medio de personas conmemoraban el 25 aniversario del atentado terrorista en Barbados contra un avión de pasajeros cubano que costó la vida a 73 personas.
El discurso de Fidel, de algo más de una hora, contenía una serie de puntualizaciones. Consigno dos que me parecieron importantes.
Después de condenar de manera terminante las acciones del 11 de setiembre («insólito y siniestro ataque terrorista contra el pueblo norteamericano») Fidel situó el episodio a partir de una perspectiva histórica: las actuaciones de la CIA y las autoridades norteamericanas con relación a los atentados terroristas contra personas, naves, instalaciones o aviones cubanos: «Comprendo que los funcionarios norteamericanos no deseen ni oír hablar de estos embarazosos temas. Dicen que hay que mirar hacia adelante. Sería ciego no volver la vista para ver dónde están los errores que no deben repetirse, cuáles son las causas de las grandes tragedias humanas (…)».
En segundo lugar, Fidel reiteró el enfoque desde cual su gobierno se ha venido situando ante la crisis mundial suscitada a partir del 11 de setiembre: reivindicó la vigencia y validez de las soluciones legales y del control, en la lucha contra el terrorismo, por parte de la Organización de las Naciones Unidas.
Un remedio peor que la enfermedad
Cuando el domingo las noticias dieron cuenta del inicio de las operaciones de bombardeo contra Afganistán, desde la prensa y luego desde la tribuna del Congreso, Castro reiteró su condena a la forma bélica que asumieron las acciones contra el terrorismo: «No es una guerra contra el terrorismo, que debía y podía ser derrotado por otros medios verdaderamente eficaces, rápidos y duraderos, (…) es una guerra a favor del terrorismo, cuyas operaciones militares lo harán mucho más complicado y difícil de erradicar. Un remedio peor que la enfermedad».
En su alocución del día 6, Castro hizo referencia a la impunidad que seguían disfrutando, con el respaldo de los gobiernos norteamericanos, los responsables del atentado que derribó el avión de pasajeros en 1976.
El atentado, según Il Messagero, de Roma, fue reivindicado por el grupo contrarrevolucionario «El Cóndor» y según lo indicaron fuentes del exilio cubano en Miami, formaba parte de un incremento de las acciones contra el gobierno de la isla, impulsado por el llamado CORU (Comando de Organizaciones Revolucionarias Unidas) en el que revistaban los dos principales implicados en el atentado: Orlando Bosch y Luis Posada Carriles.
Las investigaciones judiciales y periodísticas realizadas con posterioridad, según refirió Castro en el Congreso, mostraron la relación existente entre el CORU y la DINA chilena.
El sábado 6, en la Plaza de la Revolución, Fidel recordó otro hecho altamente significativo: el secuestro, en octubre de 1976, de dos funcionarios de la embajada de Cuba en Argentina.
Eran, vale la pena recordar, los tiempos del Plan Cóndor, cuando decenas y decenas de exiliados uruguayos, chilenos, paraguayos, bolivianos y brasileños eran asesinados en las calles, como, entre muchos otros, el General Prats y el Gral. Torres, como Michelini y Gutiérrez Ruiz y otros eran secuestrados, torturados y desaparecidos en las siniestras instalaciones de Automotores Orletti.
Al Congreso asistieron delegados de unos 30 países latinoamericanos y del Caribe. Trabajadores de medios alternativos, militantes de tribunas partidarias o de organizaciones sociales, sindicalistas de la prensa, académicos especializados en medios de comunicación y hasta trabajadores de grandes medios que batallan desde adentro por informar con honestidad y opinar con independencia.
Una parte considerable de las intervenciones, ponencias y debates giraron en torno al papel de los medios en el tratamiento de las acciones terroristas del 11 de setiembre, del belicoso discurso de Bush del día 20, cuando, al decir de Fidel, «quedó abolida la independencia de las naciones». «Julio César ha cruzado el Rubicón. Ya estamos enfrentados a la tiranía universal de un emperador».
La denuncia de los atropellos norteamericanos, la reivindicación de la soberanía de las naciones en la delicada emergencia actual y del papel de la ONU, son algunos de los puntos fuertes de la posición cubana actual a los que me referiré en próximas columnas. *
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