Si quieres paz, lucha por la paz

Si quieres paz, lucha por la paz. Es un principio básico de la humanidad. La gente no debe ser indiferente; debe involucrarse y participar en todas las acciones que forman parte de su vida.

La justicia es el mecanismo idóneo para sancionar los crímenes y educar a las nuevas generaciones.

El terrorismo es un mecanismo destructor repugnante que en aras de ciertos fines, sacrifica seres humanos inocentes y busca mediante el miedo imponer sus objetivos.

La historia ha demostrado que, más allá de las intenciones, siempre le ha resultado funcional a la derecha recalcitrante.

La acción política de masas busca que sea la gente en el escenario, no en la platea, la protagonista. El sujeto de la historia.

Frente a los hechos de notoriedad me escribe un amigo desde Europa:

«La magnitud del atentado contra las Torres Gemelas y el Pentágono requiere una respuesta proporcional siempre y cuando se tenga como objetivo la detención de los responsables y su juicio por un tribunal internacional. Si alcanzar ese objetivo requiere acciones militares localizadas y concretas, creo que se justificaría el uso de la fuerza bajo supervisión de algún organismo internacional. El problema es que la opinión publica norteamericana está muy a favor de una acción de gran magnitud para vengar la afrenta y eso puede dar lugar a una escalada de acciones de imprevisible final».

Hoy, cuando la humanidad se halla inmersa en una guerra indefinida y sin fronteras, donde sentimos como nuestra la angustia de los seres humanos que están en «la ruta del terror», como nos escribió un amigo desde Medio Oriente, que no sabe de dónde partirá la agresión y la bomba, viene a la memoria lo vivido bajo las dictaduras del Cono Sur, prohijadas por EEUU durante la década de los 70, bajo la mención que se estaba ante LA III GUERRA MUNDIAL y era una CRUZADA POR LA DEMOCRACIA. Así surgieron los monstruos tipo Pinochet, Videla y otros especímenes, que sembraron de muerte, violaciones y desapariciones nuestras tierras.

Por eso en este caldo de cultivo ha resurgido un Fankenstein de la dictadura, con sus colmillos de lobo, paradoja increíble con su apellido, buscando justificar lo injustificable, reivindicarse de sus crímenes sin el menor arrepentimiento y con una vocación de volverlos a repetir.

Resulta también doloroso que actores políticos que no se involucraron con la dictadura, por intereses menores, hoy busquen llevar al terreno de la confrontación y retrotraernos a la década de los 70.

Quieren ubicar la disyuntiva en falsos antagonismos, para dificultar la acción de la justicia en la dilucidación de acciones penales, o no tienen la humildad de realizar la autocrítica imprescindible por hechos reprobables.

Pero lo que más importa es la actitud de la gente.

Cómo se pronuncia, se moviliza y participa. He aquí el quid de la cuestión.

Quien se queda pasivo queda prisionero de la manipulación de los grandes medios de comunicación, muchas veces dominados por grandes intereses económicos.

La política es el arte de lo posible.

La gente debe luchar por modificar la situación y por lograr objetivos alcanzables o por crear un estado de opinión que evite males mayores.

Si la economía es la ciencia que analiza la mejor distribución de recursos escasos para fines múltiples, debe ser la ciudadanía quien se pronuncie sobre la justicia distributiva. Mucho más en tiempos de escasez y penurias.

Hacen bien los trabajadores del transporte al movilizarse para impedir la aplicación del 19% del IVA al boleto, porque ello no sólo significaría un nuevo aumento del boleto, afectando a la población humilde y trabajadora, sino también una lesión a la estabilidad de sus propias fuentes de trabajo. Así podríamos seguir con otros actores sociales.

El siglo XXI se ha iniciado bajo signos inquietantes.

El equilibrio entre la seguridad y la democracia es inestable.

La garantía siempre es una ciudadanía responsable y activa.

Hoy, cuando el lenguaje de las bombas está en marcha, nada nos resulta indiferente ni lejano. Que no paguen millones de inocentes por crímenes identificables, repudiables y condenables, cometidos por iluministas irracionales.

Por eso tampoco acepto la viveza de algunos que quieren ensuciar la cancha nacional, para impedir el avance de las corrientes progresistas.

En especial quiero dirigirme a los jóvenes, a quienes les corresponde el mundo del presente y del futuro.

Si quieres la paz, lucha por la paz.

Si quieres la democracia, lucha por la democracia.

Si quieres los cambios, lucha por los cambios.

Pero no te quedes en tu casa haciendo la tuya. *

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