Hacia un nuevo mapa político
Es por todos conocida la estrategia política que resultó triunfante en la última convención del Nuevo Espacio. Fue sin duda una victoria del líder del partido, senador Rafael Michelini, a pesar de que algunos analistas crean ver un triunfo a lo Pirro, en razón de la fractura que se produjo.
La vieja «Lista 99″, fundada por Zelmar Michelini en 1962, se ubicó siempre en la izquierda del espectro político nacional. Más allá de previsibles y explicables vacilaciones cuando el sector no había roto con el Partido Colorado, las posturas adoptadas por el Movimiento por el Gobierno del Pueblo ante las situaciones difíciles fueron claramente las de un partido de izquierda.
Este movimiento fue uno de los fundadores del Frente Amplio en los turbulentos tiempos del pachequismo, y en él se mantuvo durante los años de plomo. En las primeras elecciones postdictadura, el sector liderado entonces por el doctor Hugo Batalla obtuvo una mayoría relativa (aunque considerable) dentro de la coalición de izquierdas. Tal vez ese hecho –unido a la popularidad de Batalla– es el responsable de la sobrevaloración de su peso político y electoral en que cayeron algunos dirigentes; un error de apreciación que llevó a un triunfalismo nefasto. La traumática escisión de 1989 se explicaba por un supuesto enfrentamiento entre tendencias radicales y autoritarias por un lado, y la encarnada por el PGP y el PDC, de fuerte tono tolerante y democrático. En aquellos tiempos en que el bloque socialista se mantenía vigoroso aún y nada hacía suponer su estrepitosa implosión pocos años más tarde, el corrimiento hacia el centro izquierda que proponían los grupos disidentes del Frente Amplio no parecía demasiado descabellado. El nuevo agrupamiento que surgía aparecía a los ojos del ciudadano común como una opción política atractiva.
No obstante, el resultado electoral de ese año no fue el esperado, y el Nuevo Espacio navegó hasta la elección siguiente sin sobresaltos pero sin generar hechos políticos relevantes. Así las cosas, a nadie sorprendió demasiado la vuelta de algunos dirigentes al partido de donde el grupo era originario, pero ello significó su muerte política. En cambio, el grupo liderado por Rafael Michelini aceptó el desafío de mantenerse en el llano y obtuvo una votación significativa en 1994.
Pero las elecciones de 1999 confirmaron el proceso que ya se venía advirtiendo desde hacía un decenio: la polarización del electorado. La división en tercios, que ya se preanunciaba desde hacía tiempo y que se plasmó en 1994 cedió el paso a un electorado dividido prácticamente en dos, atraído por dos visiones de país antagónicas. En tales circunstancias, el Nuevo Espacio no supo ofrecer a la ciudadanía una opción convincente, una alternativa seductora, y el resultado electoral le hizo perder uno de los cinco diputados obtenidos en 1994.
Ante esta realidad, la propuesta del senador Michelini aparece como la única alternativa sensata para el futuro de ese partido: explorar la posibilidad de alianzas con el único agrupamiento que pugna por cambiar la situación económico social de miseria y exclusión. De no haber prosperado tal iniciativa, el Nuevo Espacio quedaría condenado a un papel testimonial ya que dada la correlación de fuerzas en el Parlamento, ni siquiera es viable la función de ‘bisagra’ que algunos pudieron pensar en cumplir.
En suma, una decisión de enorme trascendencia que merece la bienvenida de todos quienes luchamos por cambiar el modelo perverso que nos han impuesto. *
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