La sensibilidad de un banquero
Por más que la personalidad del ministro de Economía, Alberto Bensión, es más que conocida y no pueden asombrar a nadie sus falencias técnicas y sus dislates políticos, es bueno –para que el lector entienda de qué hablamos– analizar algunas afirmaciones que hizo el inefable secretario de Estado al analizar las elecciones argentinas.
Que no se asombre más de la cuenta el lector desprevenido, pero que tenga en cuenta esas declaraciones, para saber quién es y para qué está este señor al frente de nuestro Ministerio de Economía.
«Confiamos en que en las elecciones le vaya bien al gobierno, ya que en economía está haciendo las cosas bien». Una frase sin duda antológica que debería colocarse con letra destacada en el diccionario de Guinness, pero de una gravedad inaudita que muestra qué cosas le interesan a nuestro ministro.
La situación argentina es hoy trágica, viviendo el pueblo la irresponsabilidad del gobierno anterior y del ministro de Economía, Domingo Cavallo, que timoneó el proceso de enajenación de todas las empresas argentinas, tanto fueran públicas como privadas, que pasaron en masa a ser propiedad del capital financiero internacional. El mismo ministro que hoy satisface a Bensión.
Argentina es un país que ni siquiera pudo disfrutar del espejismo de esa enajenación, pues el dinero logrado –muchos millones de dólares– se evaporó en medio de innumerables actos de corrupción y de un ostentoso derroche, dentro de un Estado cuyo «peso» se mantuvo inalterable.
También Cavallo inventó la «convertibilidad», una forma poco ortodoxa de forzar una estabilidad que desde hace mucho tiempo es imposible mantener.
Los «deberes» se hicieron a la perfección, hubo aplausos del FMI, pero el resultado final de todo aquello se expresa en el desastre que hoy vive el pueblo argentino, con provincias donde han cesado los pagos de los empleados estatales, y que han recurrido –como la de Buenos Aires– a pagar en bonos.
Cavallo, para evitar un «default» fulminante, recurrió a canjes y megacanjes de deuda y, como última genialidad de este economista calificado de»heterodoxo», a hacer pagar el déficit a jubilados y trabajadores estatales, a lo que se sumó quitas de las partidas de la coparticipación provincial. A los primeros y a las referidas sumas que deben pasar mensualmente a las provincias, se les descuenta un porcentaje para que el déficit fiscal sea 0.
La situación que vive la gente del país vecino está signada por volúmenes de desocupación pocas veces vistos y con, obviamente, un aumento de la marginalidad, de la violencia y –por supuesto– un crecimiento del déficit fiscal. Si se hacen quitas al circulante, achicando sueldos y jubilaciones, además de castigar a las provincias, el primer resultado es la caída del consumo que, de acuerdo a encuestas fehacientes, se redujo en más de un 40 %.
Podríamos seguir con datos precisos sobre lo que se vive en el país hermano, que sólo puede pagar los servicios de su deuda con préstamos, cada día más escasos, provenientes del norte.
Ese, para Bensión, es el país donde se están haciendo las cosas bien en materia económica. ¿Qué muestra esto? Lamentablemente que el banquero puesto a ministro sigue teniendo los tics de un banquero que defiende los intereses de la banca financiera.
Y en lo social muestra una sensibilidad de elefante.
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