¿Poesía, qué poesía?
No faltarán por cierto a aquesta cita
los vates nacionales conocidos,
el petiso de lentes y carita,
el peludo de rizos encendidos,
el pelado ya viejo en la poesía
que una vez dijo no los conocía,
el joven ambicioso y adulante
que pretende ponerse por delante
y los poetas de café o esquina
que alimentan allí su propia inquina,
ni faltarán aquellos alineados
con senadores y con diputados
y hasta coleccionistas de pintura
del tipo ex presidentes y basura.
pero en fin, serán mágicos poetas
que en la ocasión exhibirán sus jetas,
ese ser conocido donde vaya
al demostrar su calidá uruguaya
su gran mediocridad y su ambición
que exhibe cuando llega la ocasión.
¿Qué ocasión? se pregunta el inocente
que a nadie ha conocido de esta gente
En la ocasión del Día Internacional
de la Poesía, que la Unesco cual
madrina lo apadrina, el veintiuno,
día en que nadie faltará, ninguno,
al Centro Cultural, en San José
uno-uno, uno-seis, ya sabe usté.
Detrás de todo se halla el Ministerio
de Caución y Cultura dicho en serio
Departamento Letras, Dirección
de Cultura, por tal celebración.
Llegado el momento se apersonará el mismísimo Don Francisco de Quevedo, ofrecerá recitar unos versos pero antes preguntará:
«¿Coplica hay? No andan lejos de aquí los poetas». Y cuando se vuelva a un lado verá una «bandada de hasta cien mil dellos (…) que llaman los Orates en el infierno». Y uno de tales que estará enarbolado y con más ínfulas que todos, ladrará guá sin ton ni son.
Lo mirará el maestro con calma y se referirá a la problemática de los consonantes. Dirá entonces con carácter didáctico:
«Pues porque en un soneto
Dije que una señora era absoluta,
y siendo más honesta que Lucrecia,
por dar fin al cuarteto, la hice puta.
Forzóme el consonante a llamar necia
a la de más talento y mayor brío:
¡Oh ley de consonantes, dura y recia!
Habiendo en un terceto dicho lío,
un hidalgo afrenté tan solamente,
porque el verso acabó bien en judío.
A Herodes otra vez llamé inocente,
mil veces a lo dulce dije amargo
y llamé al apacible impertinente.
Y por el consonante tengo a cargo
otros delitos torpes, feos, rudos;
y llega mi proceso a ser tan largo.
Que porque en una octava dije escudos,
hice, sin más ni más, siete maridos
con honradas mujeres, ser cornudos.
Aquí nos tienen, como ves, metidos
y por el consonante condenados.
¡Oh, míseros poetas desdichados,
a puros versos, como ves, perdidos!»(*)
Luego se festejará el sonado Día Internacional de la Poesía, una vez que el maestro Quevedo se haya retirado discretamente y queden dueños del campo, poetas, repoetas, poetitas, poetones y poetonas, poetazos, poetófilos, poetólogos y otras variedades zoológicas. Como se ve, ya todo está previsto desde ahora por los Orates.
(*) Citas de Quevedo tomadas del «Sueño del Infierno»
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